El duende del Realejo

El desamparo de los ciudadanos

Ciudadanos atemorizados de barrios enteros de Barcelona evitan en lo posible salir de sus casas por la inseguridad

En algunas ocasiones me he preguntado cómo se podía vivir en una sociedad que, aún a sólo dos siglos de distancia, se presenta como una gran epopeya para la conquista y colonización del llamado Oeste Americano. El fuerte contraste entre la concurrencia de ilusionadas familias de granjeros que, con claro riesgo de sus vidas, buscaban un legítimo futuro de trabajo y bienestar, al mismo tiempo que violentos y en ocasiones peligrosísimos forajidos acudían a los mismos territorios con ánimo carroñero y sabiéndose muy alejados del orden social civilizado, de la ley y la defensa y garantía de cualesquiera derechos o algo que se les pareciese. Todo en medio de una lucha, muchas veces ausente de cualquier concepto moral, entre civilizaciones, las autóctonas de los indios nativos y las de los invasores de todo tipo que, desde el siglo XVII llegaban hasta aquellas tierras desde las costas atlánticas y otras tierras del continente sur.

Las diferentes estampas que representan aquellas circunstancias históricas, más o menos mitificadas y que, además, dieron origen, felizmente, a un prolífico género del arte cinematográfico, no están exentas de heroicas y amorosas escenas, al tiempo que otras de persecuciones, asaltos, robos, homicidios absolutamente gratuitos, migraciones y aventuras en busca del oro que enfebreció a aquella sociedad tan dispersa como difícil. El Salvaje Oeste, también se le llamó…

No crea el amable y paciente lector que trato aquí de profundizar en aquella época, lugar y sociedad por un lado tan lejana, como al tiempo cercana a nosotros. Ni tengo información, ni conocimientos suficientes, ni espacio bastante en esta columna para ello.

Sí una reflexión: once muertes violentas -no accidentales ni relacionadas con las de género- se han producido en las calles de Barcelona en los últimos ocho meses. Cuarenta robos con violencia se vienen produciendo diariamente en sus calles y plazas. Sin número de asaltos frustrados, palizas callejeras, tumultos y diversas pendencias con heridos de diversa consideración. Barrios enteros de ciudadanos atemorizados que evitan en lo posible salir de sus casas…

Barcelona, hoy en día, no es bona. Aquella ciudad laboriosa, capaz de conquistar el futuro día a día con el honrado esfuerzo de muchos españoles; de allí y de acá; aquella urbe cosmopolita con la burguesía más culta de la nación, puerta peninsular a Europa, se degrada día a día con una Generalitat cateta, sumida en un laberinto de irrealidad paranoica y un Ayuntamiento gobernado por incapaces, sin vocación social y anti sistema. Es la regresión, el desamparo de los ciudadanos. ¿O no?

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