Sigue siendo Granada la ciudad maravillosa en la que miles de personas de todo el mundo quisieran vivir, habitada por quienes parece que portamos el gen de la mala follá en el mismo paquete que el de la indiferencia. Asistimos la gente de Granada a esta debacle que nos han procurado dos partidos irresponsables, cegados como están en sus intereses de partido o de sillones, sin acabar de creer que esto pueda estar pasando, porque de día en día se superan en rizar el rizo tanto Luis Salvador y su ¿partido? como concejales populares. Si no fuera porque de su irresponsabilidad depende el presente y el futuro de la ciudad, hasta podría escribirse una hilarante historia, con éxito asegurado en la sección comedia.

Pero la política no es un instrumento para la gloria personal o el enriquecimiento, no puede ser un intercambio de cromos o un cambalache por poder. La política, la de verdad, es la que ejercen quienes quieren, con su trabajo, cambiar el mundo para hacerlo más justo.

En el sainete indigno en el que unos irresponsables han convertido la política en el Ayuntamiento la última propuesta del grupo municipal socialista, la de abrir la puerta a una moción de censura, se presenta, más que como un acto de responsabilidad, como la oportunidad de devolver la dignidad al escenario político local.

Dos años lleva Granada inmersa en un insoportable sainete del que la ciudad no puede más que salir peor o mucho peor de como empezó.

A pesar de la gravísima crisis por la que atravesamos, a pesar de lo vergonzoso que está resultando el espectáculo que el PP y Cs han montado en la plaza del Carmen, a pesar de todo, la vida sigue.

Siguen asesinando mujeres por el simple hecho de serlo, por mucho que haya personas con responsabilidades institucionales empeñadas en negar una realidad tan dolorosa como la violencia machista. Sigue habiendo sentencias extrañas en las que la visión sesgada del juez de turno sienta en el banquillo y hasta lleva a la cárcel a quien solo intentó proteger a sus hijos o hijas de un maltratador, porque él nunca puede ser un buen padre. Sigue habiendo colegios trabajando al límite porque la ratio está por encima y los medios y los recursos por debajo de lo que sería razonable en medio de esta crisis sanitaria.Sigue habiendo miles de familias con dificultades para enfrentarse a los gastos mínimos que garantizan la subsistencia.

Insisto: la política verdadera nos ha de devolver la dignidad. Pronto saldremos de dudas.

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