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El escándalo mayúsculo de Villarejo y el BBVA nos deja una enorme sensación de indefensión absoluta

El BBVA afirma en una nota de prensa que en junio del 2018 inició una investigación sobre la contratación y el pago de los servicios prestados por la empresa del comisario José Manuel Villarejo que, al parecer, espió 15.000 conversaciones telefónicas por encargo del entonces presidente del banco, Francisco González.

Hace apenas 72 horas se conoció la noticia de este espionaje encargado y contratado por el BBVA y ahora nos enteramos que desde junio del año 2018 el banco lo está investigando. Eso sí, lo investiga en silencio. ¿Lo ha hecho sin decir nada a nadie? ¿Ni a los jueces? ¿Ni a la policía?.

Ahora, el BBVA nos dice que de ser cierto, serían hechos que "revestirían una indudable gravedad". Y tanto. Como revestiría una indudable calidad que el silencio del BBVA todos estos meses pretendiera ocultar las informaciones que ahora se han filtrado.

Al parecer, el comisario Villarejo proporcionó al BBVA informaciones sobre escuchas telefónicas que incluso podrían referirse al contenido de supuestas conversaciones telefónicas en las que participaron el entonces jefe de la Oficina Económica de Moncloa, Miguel Sebastián, y la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega.

Se trataría de una operación desarrollada en plenas maniobras de Sacyr para tomar el control del banco y se habrían controlado más de 4.000 teléfonos y unas 15.000 conversaciones entre noviembre de 2004 y febrero de 2005 por encargo de la segunda entidad financiera de España.

Es un escándalo mayúsculo que, por mucho que nos tenga acostumbrados Villarejo, no deja de ser una situación gravísima que nos deja una enorme sensación de indefensión absoluta. Por este caso, Villarejo habría recibido más de medio millón de euros del BBVA.

Pero es un escándalo mayor que, tal como confiesa el banco en su nota oficial de prensa de hace 48 horas, las autoridades del BBVA conocían este asunto al menos desde junio sin que (al menos, que se sepa), hayan acudido al juez y a la policía. Lo cual merece todo nuestro más absoluto reproche. Pues eso.

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