La colmena

Magdalena Trillo

Las europeas, a examen

ENCUESTA casera nada rigurosa pero más que elocuente: las elecciones europeas de mayo concluirán con una sonora pitada por parte de la sociedad española. La abstención será histórica y habrá un voto de castigo incontestable -de quienes vayan a las urnas y de quienes se queden en casa- para los dos grandes partidos que llevan tres décadas compitiendo en errores y abriendo una brecha infinita con la ciudadanía: votar para qué si luego hacen lo que quieren; votar para qué si lo único que saben hacer es subirnos los impuestos; votar para qué si a lo que se dedican es a llenarse los bolsillos… Allí y aquí...

Pesa la corrupción pero pesa más el desencanto, la desconfianza y el escepticismo. El último sondeo del CIS eleva a un 53% el porcentaje de españoles que no piensa ir a votar o lo va a hacer en blanco. Mi encuesta es aún más negativa en participación, apunta a esa creciente preocupación por la política y por los políticos que reflejan todos los barómetros y coincide cien por cien con ese nuevo mapa político que los analistas vienen vislumbrando en el que caen las mayorías absolutas, se hunde el bipartidismo y crecen con fuerza los hasta ahora minoritarios IU y UPyD.

A cuatro meses de los comicios, pocos saben que el 25 de mayo se renueva el Parlamento Europeo y poco importa lo que se diga en la campaña y quién vaya en las listas. Aunque cada vez somos más conscientes de que nuestro futuro se decide en Europa, la convocatoria se medirá desde dos perspectivas muy distintas: será el primer examen en las urnas al Gobierno de Rajoy y un ensayo para las municipales del año que viene. Las elecciones que se celebrarán entre el 22 y el 25 de mayo en 28 países de la Unión Europea son además las primeras en las que podremos conocer el verdadero impacto de la crisis después de haber sufrido las insensatas recetas de los socialistas con el Ejecutivo de Zapatero y haber descubierto el alcance real de las promesas de bajada de paro y recuperación económica con que el PP llegó a la Moncloa.

Estrictamente, sobre nada de esto se nos 'preguntará' en mayo, pero los propios partidos son conscientes de que será imposible ir a votar sin acordarnos de los 'amigos' Bárcenas o Guerrero y sin tener en cuenta la elevada factura de los Consejos de Ministros de los viernes; tanto los de los habituales incumplimientos del programa electoral como de los polémicos cumplimientos de las últimas semanas. El PP podrá realizar una primera medición de la erosión -o no- del Gobierno y los socialistas tomar nota del 'efecto Susana Díaz' de cara a las primarias abiertas que celebrarán dentro de unos meses para elegir su candidato a la Presidencia.

En Andalucía será un test para el bipartito -tanto PSOE como IU podrán evaluar sus fuerzas de cara a las andaluzas de 2016 e incluso valorar la idoneidad o no de un adelanto electoral- y en la provincia de Granada, con un escenario tremendamente reñido, lo que se juegan socialistas y populares es muy sencillo: la victoria. Los responsables de campaña lo explican en la amplia información que hoy publicamos sobre la puesta a punto de la maquinaria electoral. El primer reto es movilizar y el segundo, obviamente, ganar. El PSOE saldrá a recuperar la hegemonía perdida en la provincia y el PP, a mantener la inesperada victoria de los últimos comicios.

Por muy distorsionadas que sean las lecturas del día después, muy diferentes los objetivos con que se prepare la campaña y muy contrapuestos los ánimos con que se afronten, no son unas elecciones secundarias. Ni para los partidos ni para nosotros. Teóricamente, porque los 54 europarlamentarios que nos representarán en Estrasburgo tendrán que defender los intereses de España en cuestiones fundamentales como las infraestructuras, la agricultura o la pesca, tomarán decisiones que tendrán una traslación nacional en campos como el empleo, la lucha contra el paro juvenil, la formación, la jubilación y las pensiones y, siendo pragmáticos, decidirán el destino de inversiones millonarias que, para un país que sigue en desarrollo como España, una región en el furgón de cola como Andalucía, una provincia especialmente castigada como Granada, han sido y seguirán siendo vitales.

En la práctica, será un día de examen. Y con esa seriedad y responsabilidad lo deberíamos vivir. Los partidos y nosotros. Porque si preocupa la abstención y el mensaje de castigo por cuanto significan de desafección y de rechazo a la política, más riesgo es que se utilicen las europeas para hacer experimentos votando extravagancias, dando pie a posiciones fundamentalistas y radicales y provocando un escenario de desgobierno que nos acabaría perjudicando a todos.

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