En tránsito

Los extremos

A pesar de que vivimos en una sociedad hedonista y caprichosa, el autoritarismo político goza de muy buena salud

Apesar de que vivimos en una sociedad hedonista y caprichosa en la que la libertad individual parece estar por encima de todo, el autoritarismo político goza de muy buena salud. En Francia, sin ir más lejos, un 40% de la población -o incluso más- se inclina por dos fórmulas políticas que en el fondo se parecen muchísimo: la extrema derecha y la extrema izquierda, el Frente Nacional de Marine Le Pen y la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon. Los dos líderes abominan del liberalismo europeísta porque lo consideran una ideología al servicio de los oligopolios financieros, así que prefieren una sociedad encerrada en sí misma, recelosa, desconfiada y paranoica, en la que el Gran Líder al servicio del Pueblo -ellos mismos, claro está- podrá imponer sus leyes sin tener que dar cuentas a nadie, siempre en nombre de la Patria y del Pueblo y nunca en nombre del Parlamento, esa antigualla inútil, ese costoso engendro político que no sirve para nada.

En cierta forma, estamos volviendo a los terribles años 30 del siglo pasado, cuando fascismo y comunismo combatían por igual contra el frágil liberalismo que hacía lo que podía para mantenerse en pie (la República de Weimar alemana, acosada desde los dos extremos, igual que la débil República española). La única diferencia es que ahora los dos extremos del arco político están mucho más cerca que en aquella época. De hecho, Mélenchon no ha pedido el voto contra Le Pen y guarda un inquietante silencio. Y es muy posible que muchos de sus seguidores voten a favor del Frente Nacional en vez de votar al candidato de lo que ellos consideran los privilegios obscenos de los ricos.

Pero lo bueno del caso es que muchos jóvenes, acuciados por la precariedad laboral e ignorantes involuntarios en cuestiones históricas, no se dan cuenta de que votando a estos dos extremos están poniendo en peligro la libertad que tanto aman. En Turquía, el Gran Líder Erdogan -el modelo de una sociedad autoritaria como la que también defienden Le Pen y Mélenchon- ya ha prohibido la consulta de la Wikipedia. Seguirán más prohibiciones. Y lo mismo pasaría en Europa el día que gobiernen los grandes tribunos de la plebe que sueñan con acabar de una vez con el injusto y corrupto capitalismo liberal. Es decir, con lo que ellos llaman el "liberal-fascismo". En España, por desgracia, conocemos esa música.

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