La factura de la pandemia

Se paga por la imprevisión y el retraso en la respuesta que debiera haberse producido hace semanas

Aunque las esperanzadoras noticias relativas a los avances en los ensayos clínicos de la vacuna frente a la Covid-19 nos hacen albergar esperanzas de poder salir de este túnel, lo cierto es que hasta que no se haga realidad ese sueño tenemos que tener los pies en el suelo.

La pandemia golpea de nuevo con dureza en toda España y, en especial, en lugares como Granada. Los profesionales sanitarios sufren de cerca el drama de una presión asistencial que vuelve a llenar de pacientes tanto las plantas de hospitalización, como las unidades de cuidados intensivos.

Afloran frías estadísticas que tienen detrás personas afectadas con nombre y apellidos que sufren el dolor y la muerte. Se paga una elevada factura como consecuencia de la imprevisión y del retraso en la respuesta que debiera haberse producido hace ya muchas semanas.

La experiencia de estos últimos meses conviviendo con la pandemia por la Covid-19 nos ofrece algunas (pocas) certezas. Por ejemplo que cuando la transmisión comunitaria de la enfermedad alcanza un determinado nivel, sólo las restricciones en la movilidad para limitar la interacción social pueden evitar que los contagios se disparen a niveles que produzcan irreparables daños en la salud (y muertes) y colapso asistencial.

Una de las lecciones que debían haberse aprendido es que al virus lo podemos ver venir y, por eso, se debía haber abordado antes de la desescalada en la primera ola la definición de indicadores de evolución de la enfermedad, con umbrales a partir de los cuales deberían adoptarse restricciones a la movilidad con una intensidad acorde con la evolución de la enfermedad y con la presión asistencial.

Otra de las lecciones se refiere a la necesidad de asegurar un control eficaz en las residencias de personas mayores. Aún cuando la protección de estas instituciones es mejor hoy que en la primera ola, los datos actuales apuntan a que la protección no es suficientemente eficaz. Y esta es otra factura que se está pagando y que se puede y debe evitar.

Con esta pandemia no caben medias tintas; ya lo hemos comprobado. Y es que si no se controla, el daño en la salud es evidente. Pero el daño en la economía es un compañero inseparable. Así que pienso que la salud es el requisito para la economía. Estoy convencido.

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