Éramos felices

La vida nos muestra que las cosas son como son pero, también, pueden ser como parecen ser

Seguro que acierto si digo que todos (o una gran mayoría) daríamos lo que fuera por tener una de esas máquinas que aparecen en las novelas y películas de ciencia ficción y que permiten parar el tiempo o volver a épocas pasadas en la que todo era mejor.

Hace pocas semanas, antes de que nos arrollara esta pesadilla colectiva que es la pandemia del coronavirus Covid-19, nuestros problemas y preocupaciones personales eran otros. Sobre todo, eran otros mucho más livianos que los que hoy sufren las familias de las personas enfermas y de quienes han fallecido tras el contagio por este virus asesino.

Igual sucede con los problemas y preocupaciones colectivas que hace pocas semanas giraban, por ejemplo, en torno a la sesión de investidura, la mesa de diálogo entre el gobierno de España y el de Cataluña o los pasos a dar para la elaboración de los presupuestos generales del Estado para 2020.

Lo que daría yo por volver a aquella normalidad en la que, con tensiones y sobresaltos varios, asistíamos a una actualidad que nada se parece al drama que vivimos hoy en España y en todo el mundo. Y es que en estos días de confinamiento obligatorio hay tiempo para tantas cosas, que incluso podemos llegar a pensar que éramos felices y casi podíamos no ser conscientes de ello.

Y es que la vida nos muestra que las cosas son como son pero, también, pueden ser como parecen ser. Llegará un día en el que podamos decir que la pesadilla que vivimos por culpa del Covid-19 quedó atrás y sólo sea un mal recuerdo.

Y estaría bien que aprendiéramos muchas lecciones y las aplicáramos no sólo para mejorar los asuntos colectivos (prepararnos mejor para pandemias, fortalecer la sanidad publica, apoyar a los autónomos y a las pequeñas, medianas y grandes empresas que lo necesiten, etc.), sino también para ser conscientes de todo lo bueno de lo que a nivel particular tenemos a nuestro alcance.

No hay maquina del tiempo. Lo sabemos. Pero si que tenemos una potencial capacidad e inteligencia para valorar mejor aquellas cosas esenciales que nos hacen felices, aunque sea sólo a ratos.

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