Las dos orillas

La frontera de Ceuta

Las fronteras están para que pasen los que deben pasar; y para que no pasen los que no tienen derechos adquiridos

Los incidentes de la frontera de Ceuta son vergonzosos para España. En ningún país democrático se consentiría algo igual, ni siquiera parecido. Y no es ya por conciencia patriótica, sino porque las fronteras no están de adorno. Las fronteras están para que pasen los que deben pasar; y para que no pasen los que no tienen derechos legalmente adquiridos para pasar. Las fronteras no se han montado para que jueguen al pim pam pum con los guardias civiles, mientras en su propio país algunos desalmados los acusan de ser crueles con los pobrecitos que se juegan la vida por un mundo mejor. Los pobrecitos cuando atacan también hacen pupa.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha cumplido con su deber: ha devuelto a Marruecos a 116 inmigrantes que saltaron la valla. Tiene razón la vicepresidenta, Carmen Calvo, cuando dice que es "inaceptable". Por el contrario, nadie sensato cree que el Gobierno de Sánchez no ha cambiado "un solo ápice" su política migratoria. ¿Qué hubieran dicho Pedro Sánchez y todos los populistas oportunistas, que ahora callan, si esa misma devolución la hace el Gobierno de Mariano Rajoy? Hasta Salvini se ha reído del asunto: "Si eso lo hago yo, me llamarían racista". Pero Sánchez tiene la legitimidad que se concede cierta izquierda a sí misma: pueden hacer lo contrario de lo que decían. Y tan amigos, oye.

Resolver el caos de la inmigración entre Europa y África es una cuestión esencial para la convivencia mundial del siglo XXI. Es cierto que este problema ya existía antes de Pedro Sánchez, pero también es evidente que desde su llegada se ha complicado el asunto. Ya vamos por una temática algo más agresiva. Ya vamos por el lanzamiento de cal viva, por la sangre, por el miedo a que suelten ácido, por el riesgo de que también muera un guardia civil que cumple con su deber. O que no cumple, porque no le permiten que cumpla.

Las principales potencias del mundo son EEUU y China. Un país capitalista y otro comunista (aunque abierto al comercio). En EEUU o en China no se consentiría lo que ha pasado en Ceuta. Pero no hay que irse tan lejos, porque en la Grecia de Tsipras (que es de izquierda a lo podemita) y en la Italia de Salvini (que es un facha a lo italiano) tampoco hubieran entrado.

Más allá del orgullo, el honor, la solidaridad, la tolerancia y otros conceptos ideales, existe una realidad clara: en Ceuta se ha derribado la frontera de lo intolerable.

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