Los granadinos somos malos viajeros

Cuando llevamos unos días fuera echamos en falta el mar, la Alhambra, Sierra Nevada o las Bodegas Castañeda

Los peores viajeros somos los que vivimos en Granada porque es difícil que nos sorprenda la belleza de otro lugar, además de que cuando llevamos unos cuantos días fuera, enseguida echamos en falta el mar, la Alhambra, la vista de Sierra Nevada o las Bodegas Castañeda. Además, nos da por comparar y siempre salimos ganando: "¡Bah! Donde se ponga la Alhambra….", decimos cuando vemos algún edificio interesante en alguno de nuestros viajes. Cada granadino parece tener un imán en el alma que le permite adherirse a todo aquello que deja cuando sale fuera. Hasta restamos importancia a lo sorprendentemente bello de otros países. Aquí viene a cuento ese granadino que está haciendo cola para ver la Capilla Sixtina y ve a un paisano que sale de ella y le pregunta qué le ha parecido:

-¡Bah! Una Capilla Sixtina como toas.

Conozco a granadinos que no dejarían Granada ni para acostarse con Jennifer López. Conocido es el caso de aquellos dos hermanos del Realejo, con posibles ambos, que decían que disfrutaban mucho pensando en que podían hacer un viaje y no lo hacían, se quedaban en Granada. Aunque este caso entra dentro de ese mito subjetivo que sitúa a esta bendita provincia en la tierra del chavico. Los dos hermanos eran tan agarrados que tenían una querida a medias y por no gastar no gastaban ni bromas. También he visto a granadinos llorar o estar a punto de hacerlo cuando oyen lo de "Granada, tierra soñada por mí" de Agustín Lara. Por cierto, Lara compuso 'Granada' sin conocerla, desde la lejanía, a ciegas, como el limosnero del poemilla de Icaza que se lamentaba de lo penoso que era ser ciego en la ciudad de la Alhambra. Para mí estos dos mexicanos, Lara e Icaza, han hecho por Granada mucho más que Messi por Barcelona y que Quim Torra por las alubias y la butifarra catalana. Los dos mexicanos aludidos y Washington Irving han sido los grandes propagandistas de los viajes turísticos a Granada. Cetursa (que por entonces creo que no se llamaba así) le prometió regalarle a Agustín Lara una parcela en Sierra Nevada para que se construyera una casa de recreo. Y el alcalde Sola también le prometió una casa. Pero él no se preocupó de hacer valer aquellas promesas y sólo quiso que en su tumba mexicana alguien echara un puñado de tierra de Granada. En fin, queridos lectores, que mañana me voy de viaje. Espero estar a la altura de las circunstancias. Luego les cuento.

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