La ciudad invisible

CÉSAR REQUESÉNS

El griterío

UNA amiga venida del frío hasta este sur tan vocinglero asegura que le costó mucho entender este espectáculo nuestro en bares y debates de charlar casi a gritos. Resulta distinto hablar con ella, una experiencia cosmopolita que enriquece, pues espera a que acabes lo que tienes que decir para argumentar lo suyo. No te corta a la mitad con esa vehemencia patria de que ha callado preparando el golpe más certero. Ella, claro, es europea, y nosotros, nativos.

Yo sé que los nacidos antes del 75 mamamos franquismo o antifranquismo por igual y ahí está el virus, en el disco duro puede que para siempre. Con ese lastre de partida, ese adoctrinamiento de padres y abuelos a favor o en contra del autoritarismo, crecimos y aún vivimos. De ahí el tenerse que refrenar de tantos para, en lugar de aplicarse en el debate, meterle fuego directamente al que nos rebate, para que aprenda. Qué pasión por la hoguera la nuestra, oiga.

Tenemos tantos temas tabú, de esos que provocan respuestas viscerales a diestra y siniestra, que resulta difícil charlar sin que alguien se sienta ofendido y, al poco, esté ya levantando el tono y tirándote puyas. Hay temas clásicos: las vírgenes dolorosas, porque cualquiera te puede atizar con el cirio por mentarle a 'su' señora o la sinrazón del Rocío; el 'trascendental' tema del equipo de fútbol; la madre de cada uno; y así, hasta el infinito.

Han surgido otros temas a evitar para no caer en el ostracismo del grupo. A saber: la última de Podemos; la derecha en vaqueros en que se está convirtiendo Ciudadanos; la desorientación del PSOE; las cosas de gays y femeninas; o lo catalán; Carmena, Colau o todo lo relativo a la nueva progresía.

Le explico a mi amiga que las dos Españas de Machado aún siguen latentes y con ganas de traspasarse el corazón en un descuido. Así que, le explico mi estrategia. Primero ubicas al oyente en un color (azul, rojo, el naranja o morado). Luego, hablas un poco sin tocar los tabús y, cuando haces silencio, rezas un poco o te tomas un ansiolítico, porque aquí nunca se sabe si te va a salir por peteneras el susodicho.

Yo mismo no entiendo nuestra pasión por el griterío. De ahí que, de tiempo en tiempo, opte por el silencio meditativo, a sabiendas de que cuando consigues cierta paz contigo, el infierno son los otros. Aunque se digan amigos.

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