Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Los hijos de Putin

El populismo de izquierdas o de derchas nunca tuvo nada que ver con el fortalecimiento de las instituciones

Más allá del chiste fácil, haber estado en las cercanías ideológicas del 'Carnicero de Kiev' se está convirtiendo en un estigma del que quieren huir todos esos enemigos de la democracia liberal que le surgieron a Europa en las dos primeras décadas del siglo XXI. Reniegan los de cualquier extremo ahora de haber tenido afinidad alguna con este personaje, pero nos ha quedado claro a todos que eso del populismo de izquierdas o de derechas nunca tuvo nada que ver con el fortalecimiento de las instituciones que es la garantía de la 'pax' europea que disfrutábamos.

Los hijos de este enfoque del mundo practican muchas malas artes. Desinformar informando; manipular al manipulador de la opinión pública; apelar al sentimentalismo antes que a la razón política; entrar en los parlamentos para copar los puestos y pervertir las democracias imponiendo visiones del mundo filototalitarias; hablar desde la violencia; apelar a lejanos hechos históricos para encabezar el revanchismo y el revisionismo; legislar con deseo de humillar más que de regular; amenazar; enriquecerse más allá de lo prudente mientras que se arenga a las masas contra las castas privilegiadas. A todos nos suenan estas sucias prácticas más allá de colores y siglas.

Es una forma de hacer política con más continente que contenido que nos ha traído de vuelta disfrazados de modernidad los modos y modas de los totalitarismos y sus sátrapas del tamaño de Stalin, Hitler, Franco o Mussolini.

Desde los que querían asaltar el Congreso a los que agitan el pánico a una invasión de 'menas' a nuestros privilegios; de las mujeres filofascistas a las que piden castraciones masivas o penas de muerte; desde los nostálgicos de las glorias imperiales a los jacobinos que buscan desmemoriar el presente a su hechura, todos han participado en esta ceremonia de la confusión que ha llevado a que un Putin mitad zarista / mitad bolchevique entre a sangre y fuego en Kiev a las puertas de un mundo libre debilitado y con sentimientos de culpa.

La realidad llama a la puerta a veces para que nos olvidemos de nuestras empanadas mentales y reaccionemos frente a la amenaza de la bota de los soldados. Para defender el mundo habitable que queremos, ese donde no son bienvenidos ni los que agitan las cruces para pegarnos ni los que esconden la hoz para degollarnos y el martillo para taladrar nuestras libertades.

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