El río de la vida

El hoyo del 'panaceite'

Veía a las aceituneras volver derrengadas por el esfuerzo. En su casa les esperaban las tareas del hogar y el cuidado de los hijos.

Yo pasé mi infancia en una casa en la que a escasos metros había un olivar. Pero es que casi enfrente de la vivienda familiar había una almazara y muchas tardes mi madre me daba una moña de pan con un hoyo para que Juan Antonio, el encargado, me echara un chorreón de aceite. Juan Antonio cogía el pan, lo ponía debajo del grifo de una enorme cántara y me llenaba el hoyo. "Toma, éste es de la primera 'prensá'", me decía cuando me devolvía el 'panaceite' que me servía de merienda. Por mi calle pasaban las aceituneras cuando iban a recoger la aceituna y las veía volver por la tarde derrengadas por el esfuerzo. Luego, en su casa, les esperaban las tareas del hogar y el cuidado de los hijos.

También veía con mucha admiración pasar a los vareadores portando sus pértigas al hombro. Para mí eran como los guerreros que iban al campo de batalla. Quiero decir con todo esto que tengo el disco duro de mi memoria lleno de recuerdos sobre los olivares y mi alma impregnada con el olor del aceite.

Por eso estos días me indigna ver en los telediarios y en los periódicos a los agricultores de Jaén y Granada protestar por las injusticias que se están cometiendo con el campo en general y con los olivares en particular. Y estoy indignado porque creo que no se debería tratar así a los trabajadores del campo. Sin duda el olivar está pasando por malos momentos. Los precios actuales implicarían el abandono de los cultivos al superar los costes de producción a los ingresos procedentes de la venta del producto.

En Francia hay leyes que impiden los abusos de los intermediarios en el sector agrícola. Pero aquí los inútiles de nuestros políticos son incapaces de promover una ley que impida la descompensación económica que hay entre lo que les pagan a los agricultores por sus productos y lo que paga por ellos el consumidor en la frutería. Hay olivareros que se están planteando no recoger la próxima cosecha, lo mismo que muchos agricultores del Valle de Lecrín ya no recolectan sus naranjas o se quedan las cerezas en los árboles porque cuesta más cogerlas que lo que dan por ellas.

Si no cuidamos el campo, no habrá futuro. ¿Saben lo que haría yo con los políticos que no saben atajar este problema? Los pondría a recoger naranjas y a varear olivos. Así al menos se ganarían el sueldo.

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