La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Como el inicio de 'El guateque'

El heroico empeño de los ciudadanos para recuperar la normalidad me recuerda al Sellers en 'El guateque'

Leyendo nuestros titulares de ayer ("Los médicos afrontan la llegada del otoño 'saturados' y 'desesperados'" / "Andalucía. Las PCR no dan tregua: mil más en 24 horas") y los de otros periódicos ("España entra en el otoño más incierto ante el alza de contagios", "El SOS de los ambulatorios: '¿A qué esperan?, ¿A que la Atención Primaria explote y se colapsen de nuevo las urgencias?", "Aumenta la incidencia del Covid en bebés en Madrid y de 0 a 2 ya es la franja de edad con más casos") no puedo evitar que el generoso, valiente y valioso empeño de los ciudadanos para recuperar la normalidad dando cuerda social y económica al casi parado reloj de la cotidianidad me recuerde cada vez más al Peter Sellers del inicio de El guateque. Interpretaba a un modesto extra indio que se cargaba un rodaje por el celo y entusiasmo con que se entregaba a su papel de corneta que debía alertar a las tropas coloniales para que no cayeran en una emboscada: por más balazos que recibía, más veces que caía muerto y más chafada que se iba quedando la corneta hasta sonar como una trompetilla, el hombre seguía levantándose una y otra vez y tocándola.

En este caso, a diferencia de la película, la torpeza es del director (el Gobierno) y no del extra (los ciudadanos). Estos interpretan como pueden sus papeles de optimistas y voluntariosos resistentes/resilientes. Lo de ver la botella medio llena o medio vacía que caracteriza a los Don Óptimo y Don Pésimo -permítanme este homenaje al gran José Escobar, el maestro de la viñeta a quien también debemos Carpanta y Zipi y Zape- exige que esta contenga la mitad de líquido. Cosa muy distinta es empeñarse en ver mediada o incluso llena una botella casi vacía o vacía del todo. Esto no es optimismo sino ceguera. Y algo mucho peor cuando desde los poderes públicos que tienen las más altas responsabilidades en el triste asunto de que España sea el país con peores datos sanitarios y económicos de la UE se traslada que la botella está medio llena (la nueva normalidad). O que cuando se hace imposible negar la realidad se descarguen las responsabilidades sobre los ciudadanos y las comunidades autónomas (sobre todo si están gobernadas por el PP y más aún si se trata del apetitoso bocado de Madrid, donde se plantó "la bomba radioactiva vírica" según las indecentes palabras de García-Page).

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