Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Un instante feliz

Festejando el cumple de una gran amiga, comprendí la urgencia absoluta de celebrarlo todo

Hay personas a las que no les gusta celebrar su cumpleaños. Dicen que es un día como otro cualquiera, un simple cambio de número en el calendario, un acercarse un poco más al abismo de la muerte y lo desconocido. A mí me pasa según la década. Cuando empiezas a celebrar más de cuatro décadas ya los cumpleaños son el recordatorio de que estás en tiempo de descuento o en la prórroga y así.

Por eso ayer, celebrando el cumple de una gran amiga, urdiendo con disimulo la sorpresa con el camarero para que le hicieran aparecer el postre con una velita que luego se transformó en bengala, con mi amiga toda morena y estrenando vestido, azorada ella por el despliegue pirotécnico que convocó hacia nuestra mesa todas las miradas, con hasta tres camareros tres que viniendo con el plato, cantando con voz bronca pero atiplada lo de 'cumpleaños feliz...', fue en ese instante pleno en la cara de ella y sonrisas en todos nosotros que la mirábamos a punto ya de sacar la cámara para inmortalizar en soplido de la vela improvisada que comprendí la urgencia absoluta de celebrarlo todo. Y hacerlo en compañía, quemando las naves de lo pasado que ya a nadie alimenta y que, para todos más o menos, siempre fue peor que lo que está por venir.

Porque tan solo hace un año ni pudimos celebrar este festín de vida que es estar acabando la veintena. Porque la experiencia empieza a ser ya más plena que el deseo de descubrir. Porque ir conociendo y sabiendo de las cosas te vuelve capaz de valorar lo que posees, como esos años exprimidos día a día sin descanso, cada mañana con sus trinos de campanas en las plazas o cada anochecer paseando por un parque que se vuelve único y nuevo en cada visita.

Fue ayer en este aniversario que rescaté el sentido de este celebrar por el celebrar mismo, como expresión de la alegría de estar aquí por tantos como ya no están. Y por todo lo que nos queda por vivir ahora que escampa la tormenta y que se abren las nubes y que se atisba un horizonte que ya pensamos que no volveríamos siquiera a ver. Por tan sólo ser, por existir.

Soplada la vela, hechas las fotos y pasado el apuro, saboreamos la tarta con fruición silenciosa. Pedimos la cuenta y con solo una mirada, ya a punto de salir, entendimos lo poco que cuesta y lo mucho que vale en estos tiempos un instante tan feliz.

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