La libertad de 'la Manada' nos indigna

Cuando se ha conocido el auto de la Audiencia Provincial de Navarra permitiendo la libertad provisional de los miembros de 'la Manada', una ola de indignación y protestas ha atravesado y atraviesa las calles de toda la geografía española.

No es razonable que vivamos en España resoluciones judiciales que la sociedad no puede entender cuando se trata de hechos tan gravísimos contra la libertad sexual, al ser este un caso de abusos sexual.

Discrepar e indignarse con esta decisión es compatible con el respeto que debemos a las decisiones judiciales; pero ello no puede dar lugar a que eludamos el debate de cuán lejos están a veces los tribunales de la sensibilidad social y, en especial, con asuntos relativos a los abusos sexuales, la violencia machista y otros comportamientos machistas.

Es por todo ello que se hace necesario reforzar los mecanismos de protección a las mujeres, desplegando todos los elementos que se incluyeron en el pacto de estado contra la violencia machista; en especial, el fortalecimiento de las acciones formativas en los asuntos de género dirigidas a los profesionales de la judicatura y fuerzas de seguridad del Estado y otros colectivos.

Entrando en el contenido de la resolución de la Audiencia Provincial, llaman la atención muchos de los extremos en los que fundamentan la decisión de acceder a la libertad provisional. Merece la pena su lectura detallada pero, en mi opinión, es especialmente inaceptable que se considere que "la repercusión que ha tenido este caso y la presión que ha desatado han alimentado un rechazo social de tal magnitud respecto de los cinco acusados que ello permite cuestionar fundadamente ese hipotético riesgo de reiteración delictiva".

Y añaden que "todo ello hace presumir, en buena lógica, las extraordinarias dificultades para que puedan desarrollar una vida social normalizada en libertad" lo que "junto con la pérdida de su anonimato, hace poco menos que impensable el referido riesgo de reiteración delictiva". Saquen sus propias conclusiones. Yo ya tengo las mías que coinciden con el título de esta columna.

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