Quousque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

La libertad de todos

Tan libre es Mateo de sonarse la nariz en la bandera como otro ciudadano de afearle el gesto o boicotear a su cadena

Supongo que mientras Dani Mateo pergeñaba el sketch en el que se sonaba ruidosamente la nariz en una bandera de España, tendría en consideración que no le iba a resultar divertido ni agradable a parte de su audiencia, ni a muchos de los que lo vieran posteriormente. Y digo supongo porque me parece incomprensible que haya a quien le sorprendan las críticas recibidas y recurran, desde sus posiciones ideológicas de izquierda, al consabido -según ellos- fascismo latente de la extrema derecha española que la constituye, como todos sabemos, cualquiera que no comulgue con las ideas progresistas nacidas del 15M, en expresión habitual de los líderes de la nueva revolución española. Curiosamente, los grandes defensores de la libertad de expresión son, en este caso, los mismos que pretenden imponernos alguna que otra forma de entender determinadas cosas. Se ve que su concepto de las libertades individuales es más exclusivo que incluyente.

A mí, que un caricato se suene la nariz en la enseña nacional, me parece una muestra aberrante de falta de respeto a los símbolos constitucionales y una provocación gratuita pero es, también, una manifestación de su libertad de expresión y de creación que no creo que deba cercenarse ni un ápice. La libertades individuales son sagradas y su ejercicio también. Son la base de la democracia liberal nacida de la Ilustración. El problema de la libertad, como señaló George Bernard Shaw, está en que exige responsabilidad en su ejercicio. Quizá por eso, la mayor parte de los hombres la teme tanto.

La libertad es de todos y para todos. Tan libre es -y debe ser- el señor Mateo de sonarse la nariz en la bandera como cualquier otro ciudadano de afearle el gesto, boicotear a la cadena que emite sus programas o dejar de comprar a sus patrocinadores. Son decisiones individuales, compartidas o no, respetadas o no, cuya prohibición sólo contribuye a erosionar los pilares de la democracia y abre la puerta a los totalitarismos, sean de uno u otro signo. Los únicos límites a la libertad deben ser los que imponen o pretenden cualquier limitación a su ejercicio. Mi libertad de expresión comienza cuando abro la boca y finaliza cuando la cierre voluntariamente. En ese momento empieza la de los demás y debo asumir que no todo el mundo comparta mi forma de pensar. Lo que nunca debo admitir es que me quieran tapar la boca.

Y ahora, tras el punto final, empieza su turno.

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