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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Sin 'likes' no hay paraíso

Instagram eliminará los 'me gusta' porque quien no los recibe sufre; el clic de reconocimiento nos resulta una droga

No somos nada sin recibir likes en las redes sociales. Para los benditos automarginados de Facebook, Instagram o Whatsapp, para esos galeotes resistentes al mundo paralelo, esos raritos sospechosos, diremos que un like o un me gusta, o un retuiteo o reenvío, es un reconocimiento tan fácil como hacer un clic, que tus amistades límbicas hacen sobre algo que tú has compartido (y tan en el limbo que están esas amistades: una persona nunca ve en persona ni habla a lo largo de un año a la inmensa mayoría de sus contactos). Las redes sociales son las pandillas más heterogéneas e incorpóreas que hayan nunca existido: con poca chicha, aspecto real, olor o tacto. Pero nunca antes, paradójicamente, pandilla presencial alguna se comunicó tanto como las en red social; ni la bandolera de Curro Jiménez, ni las familias más unidas, ni la banda de gitanos irlandeses de Peaky Blinders, ni una hermandad de penitencia.

Cada uno satisface en las redes sociales necesidades distintas: unos hacen promoción de su oficio; otros se crean un avatar culto, un álter ego intelectual y sensible… y artificial; otras, jaraneras irreductibles, nos hacen partícipes de sus saraos; algunos vampirizamos hechos y noticias encontrados en ese maremágnum digital, y las guisamos con otros ingredientes para hacer una columna y cascarla cual bumerán en la plataforma. Otras hablan de yoga, de amores tan falsos como moneda de tres euros; o nos convencen de las bondades de la positividad, o ponen vídeos de gatitos o perros abandonados. Me dijo un séneca: "Ca uno es ca uno con sus caunás". Pues eso.

Y a nadie le sienta mal el clic del reconocimiento ajeno, el me gusta de un contacto, aunque no tengamos ni idea de quién es y lo hayamos aceptado porque, en el fondo, somos miembros de este Club de Corazones Solitarios del Sargento Pepper del XXI. Y no digamos si el me gusta viene de alguien que consideramos un referente: entonces hacemos palmas con el teclado y el smartphone. Pero el like, como todo reconocimiento, acaba por parecernos poco, como una droga (que lo es, si entendemos que la droga, "una vez acordada, da dolor", que diría Jorge Manrique: crea adicción y ansiedad). Por ello, Instagram -red orientada a las fotos; de segmento joven de Facebook- ha detectado que la likedependencia está haciendo enfermar la autoestima de muchos muchachos y muchachas, que no reciben suficiente consideración y el aplauso de sus referentes. Y va a eliminar dicha opción. ¡Eso es Responsabilidad Social Corporativa! ¡Me gusta!

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