Se le llama mal perder

Sorprende que, cuando lo que sale de las urnas no agrada a la izquierda, se llame a la protesta social

Siempre he estado convencido de que la legitimidad de la democracia es la que garantiza la diversidad en el pensamiento y la libertad para otorgar nuestra confianza a la hora de votar. Esta afirmación, que a estas alturas de la película nos debiera parecer del todo innecesaria, sería incompleta si no se añadiese, al menos, que la propia legitimidad democrática ha de fundamentarse en la más amplia capacidad de respeto, no sólo a la ideología, a las convicciones ajenas, sino, muy especialmente, a los resultados, tras los recuentos de votos depositados en las urnas por la ciudadanía.

Por esas razones no deja de ser sorprendente -e incluso hasta molesto- que, cuando lo que sale de las urnas no es del agrado de la otra -u otras- partes, se llame a la protesta social de los que no han alcanzado las mayorías deseadas con muestras callejeras de irrespetuosa desaprobación, circunstancia que se produce cuando quien gana -o ganan- son opciones de centro o derecha. Y quien pierde es la izquierda, como ha sido ahora en Andalucía.

Viene esto al caso de las invitaciones que se han hecho de unas fechas a ésta, desde distintas instancias de la izquierda política militante, en unos casos para establecer lo que han dado en llamar cordón sanitario, alrededor de partido político de nuevo cuño y de derecha radical -pero legítima- por el simple hecho de ser eso, derecha radical, como si esa ideología no debiese o no pudiese tener cabida en la democracia constitucional de que disfrutamos, dándose así la sensación de que sólo cualesquiera posturas de izquierda -moderada o radical, igual da, pero de izquierda- son las que tienen una especie de exclusiva para ser votadas por la ciudadanía, predicándose, de este modo, una especie de confusión patrimonial en el ejercicio del voto democrático y universal. Es decir: Sólo es democrático votar opciones de izquierda, porque sólo la izquierda es democrática o -peor- la democracia es la izquierda…

Y por otro lado, no sólo la propuesta de establecer el denominado cordón sanitario, sino, además, el llamamiento a amedrentar con presiones de inapropiadas algaradas callejeras, en este caso en torno a las propias instituciones democráticas, como fue el caso ayer, en el Parlamento de Andalucía, en torno al que la izquierda perdedora convocó manifestación -y el PSOE puso gratis autobuses- por la que era más que previsible investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla como nuevo Presidente del Gobierno Autonómico. Y ello solamente por eso, porque Juanma no es ni representa a partido de izquierda. A eso se le llama mal perder. ¿O no?

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