La chauna

José Torrente

torrente.j@gmail.com

El llanto de Messi

Amar al club que le dio todo tiene sus límites, porque trabajar gratuitamente es de becarios y amas de casa

La aflicción de Messi en Barcelona en su despedida como jugador blaugrana estuvo bien interpretada. Una manera muy argentina de fingir dolor, aunque en realidad quisiera decir que sin pasta ya no habría paraíso. Ante tal desconsuelo, Antonella, esposa y cómplice, hizo lo que pudo para atenuar el llanto. Le acercó un pañuelo para secar unas lágrimas de cuyo precio supimos dos días más tarde.

Mientras sollozaba, Messi nos advirtió del enorme sacrificio que propuso para quedarse aceptando bajarse el sueldo un 50%. De ganar 140 millones al año se conformaría con 70. Por él que no fuera. De jugar gratis no dijo nada por si le cojían la palabra. Amar al club que le dio todo tiene sus límites porque trabajar gratuitamente es de becarios y amas de casa.

Hasta ese día su misión galáctica era hacer feliz a los barcelonistas de la Tierra. Pero se hacía imposible seguir fabricando satisfacciones culés con el balón, sin el estímulo de las saqueadas arcas del mès que un club. Es lo que tienen las nuevas religiones que inventa el fútbol, que se adivina su misión teológica solo mientras le dure el dinero a quien paga. Al menos evitó besarse el escudo en aquel acto.

El equipo de su vida ya había muerto desangrado por el irresponsable gobierno del club y la insaciable voracidad crematística de sus futbolistas. Cobrar 197.000 euros por día, 1,4 millones de euros por semana, 5,9 millones de euros al mes, o haber ganado 550 millones brutos en el último contrato no fue motivo de agradecimiento suficiente para que Messi se hiciera un Gasol en el equipo de fútbol y jugara por la camiseta que dijo adorar no hace tanto. Su clan es largo. Y caro.

Se encomendó a otra misión en Francia: abrir otra sede de su iglesia messiánica del séptimo atraco allí donde el petro fútbol tiene una de sus dos sedes europeas, la Ville du Paris. Ud. y yo, amable lector, seríamos capaces de paliar ciertas tristezas sobrevenidas como la impostada de Lionelito, con el consuelo que dejan remuneraciones salariales de ese nivel. Cifras que ayudan a secar con fluidez las lágrimas de 48 horas antes. No es lo mismo estar triste y sin blanca que embaucado en una nostalgia inacabable, pero con la seguridad de poder echar un vistazo a la cuenta corriente y ver en el saldo muchos más ceros a la derecha que a la izquierda.

Si yo entiendo a Messi. Con lo cara que está aquí la luz y la gasolina, cualquiera se queda a vivir por esa minucia salarial de la mitad de 140 millones de euros

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