La colmena

Magdalena Trillo

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Y la lotería le tocó a... ¡Tomás Olivo!

¿Por qué el PSOE tenía que dejar 'atado y bien atado' el caso Nevada? Siguen los fantasmas y las manos negras

Tomás Olivo, en la inauguración del Nevada. Tomás Olivo, en la inauguración del Nevada.

Tomás Olivo, en la inauguración del Nevada.

Ni Charles Dickens se hubiera atrevido a tanto. Ni siquiera en este voraz tiempo de Navidad -de excesos y de derroche pero también de impostada generosidad- que todo lo justifica. No es creíble, ni en el cajón de la ciencia ficción, que los mayores gestos de (supuesta) responsabilidad del Gobierno saliente acaben premiando a uno de los empresarios más ricos de Andalucía. Que este año el Gordo haya hecho un poco más ricos a los ricos de la calle Ganivet, como ironizaba una compañera, tal vez sea una señal bíblica. ¡Hay que creer!

Sin necesidad de preguntarle, y sin riesgo de equivocarme, seguro que Tomás Olivo cree en la siempre caprichosa ruleta de la fortuna que un día te sitúa con un pie en la cárcel, otro encendiendo el árbol de Navidad más alto de Europa y, el más cotidiano, abriendo la puerta de tu ático en Puerta Real con los ojos verdes de dólar.

En una suerte de actualización del señor Scrooge a lo granadino. Combinando la astucia del popular personaje británico con la excentricidad de Monty Burns en formato televisivo. Pero sin su conversión navideña ni su mala suerte. Porque no nos equivoquemos: nada es fortuito y sólo desde la más fría paciencia se puede creer en el vuelco de guión que pueden propiciar los errores del hombre (inocentes o maliciosos) y los renglones torcidos de la ley (divina y la humana).

168.258.258,33 euros. Aunque de momento están consignados en el juzgado, sólo falta un último acto de fe -la certeza de que nada cambiará cuando se pronuncie el Constitucional- para que lleguen a la cuenta corriente del empresario. No es el dinero de los ERE, de los Cursos de Formación ni de las tarjetas de los prostíbulos de la Faffe pero resulta igual de obsceno y acumula el mismo misterio.

Si en 2016 ya fue difícil creer que la Junta fuera condenada a pagar 157,4 millones por los diez años de paralización de las obras del Centro Nevada -estrictamente por daño emergente y lucro cesante-, más difícil resulta saber hoy que todo el proceso judicial ha terminado elevando la cantidad hasta los 168,2 millones. Incluidos 2,6 millones de intereses por demora en el pago; una pedrea extra de 13.600 euros diarios desde que el pasado 13 de junio se notificó la sentencia.

El Gobierno de Susana Díaz ha tardado seis meses en asumir que no había más salida que pagar la multa y han sido necesarias unas elecciones y un vuelco histórico de poder para que por fin se conozca el alcance del despropósito.

Si no estuviéramos viviendo el epílogo de cuatro décadas de gobierno socialista, si no se estuviera escribiendo el prólogo del primer ejecutivo de derechas en Andalucía, en la casa de Tomás Olivo podrían seguir siendo testigos del milagro de los panes y los peces.

Lola Quero desvelaba este viernes el capítulo final de la increíble fábula del Nevada: el expediente de gasto se había resuelto a comienzos de mes, el mismo día 5 fue remitido a la Comisión de Viceconsejeros con el visto bueno del interventor para su aprobación el martes 14.

Sorpresivamente, muy a lo Hitchcock, en aquella reunión alguien planteó una "observación" y se decidió requerir un nuevo informe a la Asesoría Jurídica de la Consejería de Medio Ambiente. El reloj de los intereses no dejó de contar hasta el último Consejo de Gobierno, el que se celebró el día 18: 95.302 euros más para el señor Olivo.

Simbólicamente, se cierra el caso Nevada sin necesidad de levantar alfombras; no son los 200 millones que había estimado el PP pero sigue siendo una cifra escandalosa de herencia recibida. Oficialmente, se presenta como un ejercicio de responsabilidad, y hasta de generosidad, despejando el camino a los nuevos inquilinos de San Telmo; los que llegarán cuando a mediados de enero tome posesión Juanma Moreno como primer presidente del PP en la historia democrática de Andalucía.

Fríamente, la denuncia del "pufo" y de la "nefasta gestión" del PSOE resulta tan creíble como los desesperados intentos de la Junta por llegar hasta el final del proceso para defender "el interés general de las cuentas públicas".

En la trastienda, hay quienes siguen viendo fantasmas y manos negras. ¿Por qué tenía el PSOE que dejar atado y bien atado este caso?

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