La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Un mérito bien conocido

Desde que llegó a Granada, Françoise Souchet siempre encarnó un 'savoire faire' del que muchos nos nutrimos

Subí un ratito el sábado hasta el Palace para felicitar a mi amiga Françoise Souchet, justamente reconocida por el gobierno francés con la Orden del Mérito de Francia, prestigiosa distinción que confirma lo que todos sabíamos, es decir, que Françoise, la profesora de francés de generaciones de granadinos en los últimos treinta años, nos abrió una puerta grande y amable a ese mundo ordenado y leve que es lo francés en tierras granadinas. Mucho mérito, sí.

Françoise, desde que llegó a Granada en sus primeras aventuras por el sur de Europa, siempre encarnó un 'savoir faire' del que muchos nos nutrimos para absorber lo mejor del país vecino, incluido su dejar hablar y hasta escuchar, dar las gracias y el 's'il vous plait', formalismos que tan grata hacen la vida y que, como es el caso de nuestra cónsul honoraria de Francia, no le quitan realidad a una existencia más amable y distinta.

Un puente Francia-Granada que está bien vivo gracias a su persistencia, con una intensidad cultural de ida y vuelta que ya quisieran muchos programadores anodinos. Y lo ha hecho desde su rincón en el corazón del barrio de la Magdalena, la Maison de France, foco de francofonía en estas tierras necesitadas de que se haga permeable lo local a aires de fuera que compensen tanto ombliguismo.

Tuve el privilegio de tenerla entre el grupo de granadinos que se aventuraron conmigo a descubrir los secretos del París desconocido. Un viaje memorable tras de años de preparar aquel salto al origen mítico de la ciudad. Pasan los meses pero no los suaves recuerdos: con ella nos sentíamos en casa, es decir, con una granadina-francés que nos aclaraba diferencias culturales con sus porqués y sus cómo, atenuando aristas, traduciendo gestos y costumbres, enseñándonos en vivo de lo que percibíamos. Además, me enseñó francés de niño, y a mis hermanos, y luego a mi hija, derribándonos a la familia ese muro idiomático que tanto disuade para ampliar horizontes. Yo me vi hablando en francés por París y a ratos hasta fluido. Gratitud inmensa.

De aquella tímida joven francesa que se instaló aquí nos queda, mirando en perspectiva, el ejemplo de que se pueden unir mundos y crear vínculos, razón de ser de esta granadina con acento de allí de cuyo mérito ya sabíamos y que el sábado además reconocimos.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios