Cajón de sastre

El mesías del puzle

Cuando los fugados se rían en la cara de la gente, entonces a todos nos la habrán encajado ... la pieza

En última instancia nos puede salvar la fe, la fe en la llegada de un mesías que nos traiga la salvación y la dicha. Si algo agradecería a la pandemia es que durante semanas y meses las noticias no abrían las portadas hablando del problema de Cataluña. Ahora gracias a la magnífica acción de las vacunas empezamos a vislumbrar la solución, pero, ¡Ay!, de nuevo se oye de continuo, otra vez, el problema de encajar Cataluña en España. Lo del encaje, no sé si se refiere al encaje de bolillos o a esa pieza del puzle que creemos debe estar en ese sitio hasta que descubrimos que no, que ese no es el sitio. Y te lo tiene que decir tu padre, tu madre, un amigo repelente sabelotodo o quién sea.

Los españoles no hemos entendido que el encaje lo va a solucionar nuestro Mesías particular, el Mesías Pedro, el señor presidente de todos los españoles, en particular de los que le votan y le aclaman, bien con la boca chica o la grande, en función de su capacidad de tragar. ¡Oh, presidente salvador mesiánico, nos has iluminado y hecho comprender cuán equivocados estamos!

Tú nos has enseñado que debe imperar el amor y la concordia, y que si nos han pegado un tortazo pretendiendo saltarse las leyes, lo suyo es que pongamos la otra mejilla y demos la opción de otra bofetada. Y lo contrario es ser vengativo y revanchista.

Tú has entendido que es el deber de todos los españoles aceptar que hemos de cambiar las leyes para perdonar a los que se saltan la legalidad, y que no debe imperar el imperio de la ley, en particular si esa ley impide que tu reino siga siendo de este mundo y tú gobiernes sobre él. Pero qué mierda de leyes son esas que impiden que tú, oh mesías, puedas seguir diciendo hoy negro y mañana blanco. Para eso se preocupa del futuro de todos los españoles. El 2050 solo es el principio, leches. Esperar a que el mesías Pedro reparta los millones de la Unión Europea y veréis como todo será alabanza. ¡Oh, mesías, alabado, cómo te alabaran!

Y cuando el preso se siente en la silla del juez para redactar su absolución y la condena del togado, cuando el delincuente diga que la condena es venganza, cuando los fugados se rían en la cara de la gente, entonces a todos los españoles de buena fe nos la habrán encajado. La pieza del puzle, claro. Vale.

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