El lanzador de cuchillos

La mujer de derechas no tiene quien le escriba

Estamos ya ante un feminismo punitivo que penaliza la disidencia e impide la discusión serena

Hablemos claro: el feminismo, salvo honrosas excepciones, ha sido siempre un movimiento de izquierdas. Las feministas nunca han luchado por la dignidad de las mujeres, sino únicamente por la dignidad de las mujeres de izquierdas. Las mujeres de derechas -o de centro, ese no lugar donde se refugia el facherío vergonzante- no tienen dignidad: o son unas rancias cargadas de hijos o unos pijas que sólo piensan en que sus maridos les regalen bolsos de Loëwe. Ya se sabe que no hay nada más machista que una tía del pepé. O de Naranjito. No te digo ya si además es lista y guapa, como Nevenka Fernández, en cuyo acosador se apoyó el PSOE de Ponferrada para acceder a la Alcaldía. Juan José Millás, que no es sospechoso, se echaba las manos a la cabeza en un artículo de El País: "¿Pero dónde estaban, Dios mío, todas las militantes del PSOE en el momento de consumarse la moción que daba la Alcaldía al tonto de Samuel Folgueral? Perdón, ya caigo: estaban celebrando el Día Internacional de la Mujer". A Millás se lo permiten porque es el gurú de la progresía; si esto lo escribe Arcadi Espada se tiene que ir de España.

El viernes, aquellas que en su momento negaron el pan y la sal a Nevenka, Mariló Montero o Fátima Báñez, a quien el Secretario de Organización del PSOE de Huelva quería ver en su pueblo haciendo punto de cruz, volvieron a salir a la calle clamando contra la intolerable violencia y discriminación que padecen en España por culpa de la sociedad heteropatriarcal y la economía capitalista, tal y como rezaba -con perdón- el manifiesto oficial de la marcha, y para dejar bien claro que sólo hay un colectivo al que desprecian más que a los hombres de derechas: las mujeres de derechas. Os podéis hacer todas las pajas mentales que queráis pero, para las niñas de la batucada, Inés Arrimadas es tan puta como para ese sujeto que hace chistes machistas en TV3 a costa de la política más votada de Cataluña.

Es un hecho preocupante, pero incontestable que, en la última década, el feminismo revanchista ha ganado en influencia institucional y mediática -los medios, en esta cuestión, exhiben una cohesión ideológica que asusta-; estamos ya ante un feminismo punitivo que penaliza la disidencia e impide la discusión serena. Por eso, si este artículo cae en las manos equivocadas, corro el riesgo de que me impriman en la puerta de casa alguno de los eslóganes con los que el feminismo adornó ayer el patrimonio histórico-artístico nacional. Verbigracia, este homenaje arrebatado y violento a la rima consonante: "Con los pelos de mi culo, estrangulo machirulos". Qué no le harán a Cospedal con el flujo vaginal.

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