Menos 'música' y más Orquesta

Tanto dirigente insolvente que hasta abandonan a la magnífica OCG, y quieren hacernos creer, aún, que la cultura les interesa

Se atribuye a Napoleón Bonaparte esa conocida frase de que La música es el menos molesto de todos los ruidos. Aunque no existe prueba de veracidad, muy bien podría ser cierta la atribución, ya que los oídos del primer emperador gabacho estaban mucho más hechos al estridente y rotundo ruido del tronar de los cañones, que al de los armónicos sonidos de instrumentos palaciegos de cuerda, para divertimento de damiselas intrigantes y soldaditos de plomo. No obstante, sería injusto no reconocer que esa personalidad, casi insensible a manifestaciones artísticas, que conquistó casi toda Europa y parte de la cornisa norteafricana, fue el primer mandatario que estableció la obligación de que, cada regimiento de su poderoso ejército, habría de contar con una banda que sería el antecedente de las posteriores y muy difundidas bandas militares en todos los ejércitos contemporáneos del mundo y que, en principio, estaban compuestas de 42 instrumentistas de flautín, clarinete, fagot, serpentones, trompetas, cuernos de caza, trombones y otros de membrana y percusión. Si esa felicísima ocurrencia del famoso militar corso tuvo las consecuencias musicales que conocemos, ¡cuánto hubiera cabido esperar de todas las instituciones que conforman el consorcio que fundó la hoy tan prestigiosa Orquesta Ciudad de Granada! Dicen los que gobiernan el Municipio querer hacer de Granada Ciudad de las Matemáticas, Ciudad de las Ciencias, Ciudad de la Poesía, Capital Europea de la Cultura y dos huevos duros con atún y tomate.

Pero henos aquí, con una ciudad que hasta hoy no han sabido llevar a ninguna parte, ni al raso, ni bajo palio, presa Granada de una política cultural cateta, de improvisación, dispersa y sorpresiva -por menguada progresivamente- desde el propio Ayuntamiento, del que cada día existen más y mayores muestras de su desnorte, ausencia de coherente planificación, nítidas metas y otras naderías de igual inutilidad. Ahora y sobre estos asuntos no vale afirmar muchas veces una cosa falsa para convertirla en verdad. Granada está perdida hoy en una selva de incompetencia y laxitud cultural desde las instituciones y muy especialmente desde el propio municipio que preside Paco Cuenca, con cuyas exiguas credenciales pretende, legítima pero desvergonzadamente, volver a presentarse a reclamar el apoyo del electorado.

Tanto dirigente insolvente que hasta abandonan a la magnífica Orquesta Ciudad de Granada a una lenta agonía, por repetir cercano ejemplo. Y pretenden hacernos creer, aún, que la cultura les interesa. ¡Oh, no!

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