El balcón

El nacionalismo es la guerra

El presidente Mitterrand previno contra las opciones identitarias y excluyentes que devolverían a Europa al pasado

El ataque de Rusia a Ucrania resucita los demonios del continente. En su despedida del Parlamento Europeo en 1995 antes de abandonar el Elíseo, el presidente Mitterrand hizo un discurso ovacionado por los eurodiputados. Su frase que más impactó fue "el nacionalismo es la guerra". También dijo que de los 15 países que entonces formaban la UE, Francia había hecho la guerra contra todos menos contra Dinamarca. Y añadió que toda su vida se preguntó la razón de esa excepción. La de Europa es una historia de guerras de todos contra todos, lo que hace capital la existencia de la Unión Europea, que en julio cumple 70 años de su puesta en marcha.

Mitterrand hablaba de las guerras mundiales y la necesidad de integrar a los países del este, con los que compartimos una cultura común. Pero el futuro ha sido más negro de lo esperado. El ultranacionalismo está de moda. En España, sin ir más lejos, tenemos partidos identitarios, excluyentes, para todos los gustos: JxC, Vox, Esquerra, Bildu… Enric Juliana recordaba estos días que el entorno de Puigdemont fantaseó en 2017 con el envío de 10.000 soldados rusos en caso de independencia catalana y recientemente con establecer alianzas con Rusia en busca de una nueva Europa. Algunos amigos de Abascal como el húngaro Orbán y el italiano Salvini admiran el autoritarismo de Putin.

Y hay otro nacionalismo, el de partido. El apoyo ciego a los correligionarios. Le ha pasado al PCE, partido central de Izquierda Unida, socio de Podemos y miembro de la coalición gubernamental. Hace dos meses, en una declaración que está en su web, el PCE calificaba al Maidán de 2014 como golpe de estado, organizado y financiado por los servicios secretos de Estados Unidos y Polonia, apoyado por grupos nazis y de extrema derecha ucranianos. En una rancia retórica soviética, consideraba a Ucrania cliente de Estados Unidos, por aceptar tropas norteamericanas al abrir sus puertos a la flota estadounidense. Y tildaba de mentiras y manipulación el despliegue militar ruso en la frontera con Ucrania, la inminente invasión o el expansionismo ruso.

Tras la invasión, es coherente que IU cambie el grito de "no a la guerra", por el de "ni Putin ni la OTAN" Y mientras el PCE repite las falsedades de Putin, Yolanda Díaz muestra solidaridad con Ucrania y condena "esta intolerable agresión de Rusia". Pablo Iglesias lo resuelve en su mejor estilo populista: para él, Putin es un anticomunista convencido y un nacionalista de derechas. Ya está.

A Putin le sobran epígonos aquí.

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