La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

La noticia no es el porno

Más noticia es la actitud timorata y acomplejada con que en España vivimos todo lo relacionado con el sexo

Hace justo un año, la Policía abrió una investigación en Granada por la grabación de unas escenas eróticas en el Albaicín: dos actrices se metían mano en el Mirador de San Nicolás, el que Clinton bautizó como el del atardecer más bonito del mundo, con la Alhambra al fondo. La productora rodó las imágenes pornográficas más duras en el interior de un hotel y sorteó así la aplicación de la ordenanza de la convivencia que, con demasiadas garantías y cautelas, intenta acotar el nivel de exhibicionismo y provocación en los espacios públicos. Si no hay menores ni discapacitados implicados, el recorrido punitivo es prácticamente inexistente y, para una industria pujante y millonaria como la del sexo, jugar en el límite de lo legal y lo admisible tiene un aliciente extra: el del propio éxito de la película subiendo peldaños en morbo con grabaciones en espacios históricos y singulares.

El vídeo de Granada, que venía a continuar una producción similar denunciada el día anterior en Sevilla, era casi inocente si lo comparamos con el que circulaba esta semana de sexo explícito en los Reales Alcázares, con los que recurrentemente apuestan por los enclaves monumentales de Mallorca o con el que justo después del polémico rodaje del Albaicín escandalizó a media España: una pareja de chicas paseaban semidesnudas por los parques y plazas más concurridos de Madrid y terminaron con unas escenas sadomasoquistas a plena luz del día que dejaron atónitas a las familias y jubilados de la zona.

En la capital hispalense, la noticia ha saltado cuando el vídeo volaba ya por las redes sociales con miles de accesos. Se grabó en abril pero nadie denunció; nadie lo vio. Las productoras de turno nunca piden permiso a los ayuntamientos -así evitan que se les niegue el permiso y se refuerce la vigilancia- y la estrategia es siempre una: colarse y probar. Tanto internet como las nuevas tecnologías se han convertido, además, en aliados decisivos facilitando las posibilidades de grabación con equipos pequeños y camuflables -pero de alta calidad- y multiplicando las oportunidades de acceso.

Las grabaciones clandestinas están de moda. Oficialmente, la industria pornográfica, lo que se conoce como el otro Hollywood, da empleo a unas 12.000 personas a través de un millar de empresas, producen unos 13.000 títulos de cine para adultos y consiguen unos ingresos de entre 10.000 y 14.000 millones de dólares. En España, según un detallado informe de El País, se catalogan como X unas 1.200 películas al año que recaudan un millón de euros y, en los hoteles, suponen ya un negocio que da más dinero que el minibar… Si ponemos el foco en el móvil y los vídeos que circulan por Youtube, en lo que se mueve bajo cuerda y ni siquiera se etiqueta como porno, nos encontramos con un sector ingobernable y exponencialmente creciente.

Porque la noticia no es el porno: la noticia es la actitud timorata y acomplejada con que en países como España continuamos viviendo todo lo relacionado con el sexo; la noticia es nuestra hipocresía como sociedad criticando y denunciando públicamente lo que luego consumimos en privado; la noticia es la incapacidad de nuestros gobiernos para fijar un marco que acabe con los vacíos legales y fijen con valentía y claridad cuáles son las reglas del juego; la noticia está detrás de cada pequeño escándalo cuando vemos la impotencia con que en nuestro entorno más cercano -al final son los ayuntamientos los que tienen las competencias últimas en convivencia- apenas hay recorrido para poner coto a situaciones que alteran -y mucho- el día a día de una ciudad.

Podemos preguntarnos, por ejemplo, cómo es posible que en capitales como Granada o Sevilla sea una práctica habitual encontrar a personas orinando en las esquinas de los barrios históricos... Y podemos volver a la (limitada) polémica del porno para quedarnos perplejos con el sinsentido que supone descubrir que Facebook censura las tetas -bloquea los contenidos cuando detecta unos pezones- pero no lo culos. Lo sabemos porque la imagen del vídeo de los Reales Alcázares no se tuvo que pixelar... Y esto, de nuevo, sí que es noticia…

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