La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

El olvido de Eugenia

Por la pereza de no ponerse a imaginar todo queda en copiarse unos a otros o puede que hasta a uno mismo

Que en Granada naciera nada menos que una emperatriz y que su propia casa esté con la fachada y todos su trampantojos en estado tan deplorable, solo con una placa ilegible de puro sucia y olvidada (aparte de la labor encomiable de un negocio cercano que muestra una leyenda con el recordatorio) es realmente prueba de lo cierto que es aquel refrán que dice: "Dios le da pan al que no tiene dientes". Increíble.

Pongamos que Doña María Eugenia Ignacia Agustina de Palafox-Portocarrero de Guzmán y Kirkpatrick, condesa de Teba y luego de Montijo, gestada en pleno terremoto frente a la iglesia 'de los marqueses' de la calle Gracia, hubiera venido al mundo en Málaga, por ejemplo. Si con Picasso han hecho toda una ciudad cultural de la nada-nada que era aquella urbe, imagínense qué no habrían hecho con toda una emperatriz francesa en una ciudad tan afrancesada que ha abierto todo un Centro Pompidou en su puerto abierto al mundo gracias a la visión de sus dirigentes, envidia de los torpones gerifaltes granadinos.

Inevitable sentir frustración y rabia. También perplejidad por el olvido tan solo salvado por algún que otro libro que, de cuando en cuando, viene a rescatar la memoria de tan insigne paisana que, ya desde joven y en su ciudad, dio muestras de ese temperamento indómito y rebelde que la llevó a coronarse emperatriz y promover un imperio afrancesado en México o el mismo Canal de Suez. Aventurera y pasional, no la quisieron los franceses a los que sometió bajo el hechizo sureño de su estilo único. Y, sin embargo, por aquí se nos borró casi de la memoria como prueba esa fachada vergonzante.

Pero no todo es olvido. Una reciente iniciativa de la asociación de comerciantes de su barrio, el de la Magdalena, tan señorial y movido como su vecina emperatriz y señora, vino a restañar esta desmemoria amnésica este mismo verano en la fiesta de la Toma de la Bastilla, tan ignorada como celebrada festividad del estío. Plausible pero escaso homenaje de cultos para una mujer culta y granadina.

Esa memoria imperial de la ciudad está ahí esperando a que alguien la active. Pero, mientras tanto, más de lo mismo, en este repetitivo y anodino horizonte cultureta en el que por la pereza de no ponerse a imaginar todo queda en copiarse unos a otros o puede que hasta a uno mismo.

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