Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

H onestamente

HONESTAMENTE, no sabemos cómo está la banca europea". Quien dijo esto el miércoles no es un decano de los sexadores de pollos ni la deshonrada esposa de Amador Mohedano: lo ha dicho Jeroen Dijssebloem, actual presidente de un Eurogrupo formado por los ministros económicos de la Zona Euro. Te quedas muerta.

Una de las consecuencias inmediatas de la Gran Recesión es la profunda reconversión e intensa concentración en muchos sectores de actividad, y no digamos del sector bancario. A la banca española, sin ir más lejos, no hay quien la conozca. Los actores principales son pocos, y el modelo dual de banca y cajas de ahorros es cosa del pasado para bien y para mal. Para propiciar tal revolución, hemos rescatado indirecta y directamente a entidades (la segunda persona del plural se debe a que, en buena medida, lo vamos pagar usted, yo y nuestros hijos); creado inmobiliarias bancarias y bolsas de basura como el Sareb. El Banco de España quedó arrinconado en su desprestigio. Se han realizado todo tipo de auditorías y test de stress a las entidades, por no hablar de los ya de por sí duros requisitos informativos a los que la banca está sometida. Y dice Dijssebloem que no sabe cómo está la banca europea. Uno, maleado y en camino de curarse de espanto, tiende a pensar que el holandés no es que sea sincero y honesto: es que tiene una estrategia oculta. Una estrategia de comunicación que va siendo habitual: "Hagas lo que hagas no será nunca suficiente", lo que, en versión todavía más conspirativa, viene a querer decir que el día que los landesbanken (cajas de ahorros alemanas) o el propio coloso germánico, el muy infracapitalizado Deutsche Bank, sean escrutados y patrimonialmente disciplinados en la misma forma en que lo fue el sistema bancario de otros países, como España, no va a quedar ni el taten. ¿Habremos sido un laboratorio?

Ya más cándida que honestamente, es de cajón hacerse otra pregunta: ¿para qué están ustedes, señores eurócratas, particularmente los duros castigadores norteños, con Almunia agregado? ¿Para castigar y, sin embargo, no tener la situación bajo control? Es claro que la banca creció, innovó y complicó el mundo financiero a unos niveles patológicos de la mano de una parcialísima globalización planetaria. Como a un crío ineducado y asilvestrado, es difícil reconducir su papel económico y social. Pero de ahí a que todo un jefe del Eurogrupo, un supertacañón financiero como Dijssebloem, admita que no se entera, va un inquietante trecho. Honestamente, Dijssebloem: venga ya.

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