El balcón

Ignacio / Martínez

Un país 'abarcenado'

HAY ejemplos nada afortunados, ni virtuosos. Pretende González Pons que España se olvide de que Bárcenas ha sido el contable de su partido durante tres décadas. Intenta camuflar que el inquilino de Soto del Real era persona de máxima confianza del presidente del PP y primer ministro español. Y nos dice que el PP no es Bárcenas sino Miguel Ángel Blanco, en una obscena utilización del cadáver del concejal de Ermua en el aniversario de su asesinato.

Pero ya que utiliza ejemplos, se le puede replicar a Pons que el PP también son Naseiro y Palop, Camps y Mato, Correa y Bigotes, conseguidores, recaudadores, beneficiarios, amiguitos del alma, consortes o íntimos de personas de dudosa moralidad. Los corruptos siempre frecuentan los aledaños del poder. Mientras se mantienen en el lado oscuro, todo va bien. Pero cuando salen a la luz, son un peligro. Sobre todo los contables: lo saben todo y en ocasiones lo pueden demostrar.

Bárcenas fue un fiel gerente durante treinta años del partido más importante de España. Sus reiterados méritos le llevaron a la máxima dirección. Mariano Rajoy en persona lo ascendió a tesorero y lo puso de candidato a senador por Cantabria. Fue elegido en dos ocasiones en listas abiertas. Cuando saltó el caso Gürtel, el PP en masa negó toda implicación. Todo era falso. Ni Correa era Corleone y ni Bárcenas, Luis el Cabrón.

Estábamos en 2009, en vísperas de elecciones en Galicia y País Vasco, y el PP consideró aquella instrucción del juez Garzón como un "complot del Estado". Tuvo éxito: el ministro de Justicia dimitió y el juez fue inhabilitado. La secretaria general hizo unas explosivas declaraciones en Marbella. Para Cospedal España era un estado policial; estaba indignada por la investigación de "presuntas tramas que bien pueden acabar en nada". Y miren ustedes por donde el supuesto complot se ha cobrado cientos de imputaciones y decenas de dimisiones.

Rajoy llegó a decir que nunca se podría demostrar que Bárcenas no era inocente. Ahora, mientras el presidente calla, su portavoz en el Congreso ya califica al ex tesorero de delincuente. Algo hemos avanzado. La mayoría parlamentaria popular evita una comparecencia extraordinaria del presidente, porque ya lo tiene todo explicado: no hay financiación ilegal, ni se han recibido donaciones a cambio de adjudicaciones. Es una pena que dos de cada tres votantes del PP piensen que Bárcenas tiene realmente pruebas que pueden comprometer a su partido y a sus máximos dirigentes. La opinión pública cree más al delincuente que al presidente. La prensa internacional, también. El país está abarcenado y Rajoy tiene un grave problema de credibilidad que no va a arreglar escondido.

Hasta que dimitió como senador hace tres años y simularon su despido, Rajoy como Arenas ponían la mano en el fuego por Bárcenas. Ahora Gallardón y Zoido tienen que poner la mano en el fuego por ellos. Cada vez es más difícil el blanqueo nominal.

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