La palabra sin valor

El comercio de proximidad fue el que en los duros meses de cuarentena nos ha permitido vivir con cierta normalidad

Dice la Real Academia de la lengua, que una ciudad es "el conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa, se dedica por lo común a actividades no agrícolas".

Desde el feminismo se intenta definir el concepto ciudad dándole un nuevo enfoque, centrado en las personas, sus vidas y cuidados. En palabras de Blanca Gutiérrez Valdivia "Repensar la ciudad desde una perspectiva feminista es dejar de producir espacios desde una lógica productivista y mercantilista y empezar a pensar en entornos que prioricen a las personas que los van a utilizar". Desde esa óptica, no solo el trazado de calles, la organización del transporte o la distribución de los espacios públicos son importantes. Uno de los aspectos más relevantes en ese modelo es el "comercio de proximidad", el que en los duros meses de cuarentena, nos ha permitido vivir con una cierta normalidad. Las pequeñas tiendas, de comestibles, librerías, peluquerías, tiendas de ropa, bares o ferreterías todas imprescindibles para articular la ciudad y hacerla realmente "cuidadora", es decir, que facilite el contexto necesario donde desarrollar tareas reproductivas o de cuidados (la compra, llevar al colegio a niños y niñas, acompañar al médico a quien lo requiere…) y no solo se centre en las tareas productivas (el trabajo).

Frente a las ciudades dormitorio o las ciudades gentrificadas, ciudades vivas. Esto requiere el compromiso de todas las administraciones públicas, muy especialmente de las municipales. Y por eso es sorprendente que en Granada, donde el turismo y la especulación han iniciado ya su labor destructora, el ayuntamiento no se esfuerce en conservar lo mucho que de bueno tiene nuestra ciudad. Enfrascados como están, quienes gobiernan, en sus propias quimeras, olvidan que el pequeño comercio es una de las claves que le dan a Granada su sabor inigualable. Y debe ser por eso que olvidan, en estos difíciles tiempos tras la crisis sanitaria del Covid-19, hasta cumplir los compromisos adquiridos: aunque se anunciaron en abril exenciones fiscales para la hostelería y otros negocios que se han visto obligados a cerrar, en los últimos días ha empezado en cobro de tasas por terrazas.

Estos no son momentos para ahogar, aún más, a quienes mantienen, con su esfuerzo, el ritmo de nuestras calles, la vida en la ciudad. Es momento para darle valor a las palabras, para darle impulso a un nuevo modelo, que se apoye en nuestras fortalezas (patrimonio, cultura, música) y que permita redefinir la ciudad como un espacio en el que vivir sea tan maravilloso para quienes residimos como para quienes nos visitan.

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