Hace unos días, el consejero de Presidencia de la Junta de Andalucía, Elías Bendodo, dijo que "la desescalada total" en la comunidad llegará a la vez que la "vacunación masiva" y la postura es lógica. Está claro que los cierra y abre dan para lo que dan -mantener un equilibrio entre el virus y la economía-, pero, visto lo visto y vivido lo vivido, eso de marcarse una jornada de puertas abiertas ya sea para los turistas o para recibir al resto de ciudadanos del país ya va a ser que no. Más que nada porque la lección está (o debe) aprendida tras lo ocurrido el pasado año. ¿Qué pasa? Que estamos en febrero, el crono sigue corriendo y, aunque no lo parezca, el verano está a la vuelta de la esquina. Con esta postura, que se anunció a las puertas de la vacunación de los docentes -punto positivo para la Junta (aparentemente)-, el Gobierno andaluz se guarda las espaldas de cara al verano. ¿Por qué? Muy sencillo: porque que haya más o menos dosis para llevar a cabo esa puesta "masiva" depende del reparto que efectué el Gobierno central. Así, si hay que culpar a alguien, será a los de arriba. En definitiva, lo que viene a ser un buen despeje. Habrá que ver ahora las jugadas, no vaya a ser que haya un reparto masivo y entonces el balón vuelva al tejado andaluz.

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