Un paseo por la derecha

Abonarse a una alcachofa para dirigir a la opinión pública la frase del día, aburre, cansa y abochorna

Tiempos de rupturas, de escenificar llantos, de golpes de pecho, de teatralizar sacrificios. No se apuren. Les llegará a todos sin exclusión, porque todos, al soniquete de poder y riqueza, descolocaron sin rumbo y sin medida su primitiva propuesta ideológica. Y, claro, cuando uno se descoloca, pierde el sitio. Y cuando pierde el sitio, recuperar el centro para D. Pedro, virar a la izquierda para Doña Inés, ocupar según qué grado de la derecha para Casado, rechina frente al valor dogmático que para la sociedad española presentaban propuestas otrora motor y semillero de votos. Inauguran encuentros y pactos contranatura que acabarán pagando en las urnas. Inés, Inesita, Inés… Pero el lado de la izquierda lo dejamos para otra reflexión en un mapa hoy regado de mociones de censura y elecciones anticipadas. Y de circos.

Impresiona y hasta ruboriza el enjambre sísmico que amenaza con asolar el jardín de una desnortada derecha española. Miles de preguntas: si será capaz el Partido Popular de asumir el espectro ideológico que Ciudadanos abandona promoviendo sin rubor y sin complejos pactos de derecha con Vox; o si debería derechizarse definitivamente y entrar en guerra suicida de vencedores y vencidos con Vox. Alberto y Juanma, Pablo y Teodoro… las dudas aumentan cuando, terminado el primer tiempo y apenas iniciado el segundo, acuñan reposicionamientos estratégicos frente a un futuro electorado que, a día de hoy, no termina de conocer el juego propuesto por los populares. Ya no vale la sonrisa Profidén. A algunos, bajo la mascarilla, se lee demasiado bien lo que mascullan entre dientes.

Si algo aprendimos en democracia es que los lemas, cuando no se acompañan de rutas perfectamente definidas y consenso previo, no sirven para nada. Abonarse a una alcachofa para dirigir a la opinión pública la frase del día, aburre, cansa y abochorna. Antes, puede que sirviera. Ahora no. Es volver al España Suma. Como slogan, precioso. Pero si no hay nada debajo que lo sujete…

Sacrificio. El único camino. Lo único que devolverá la credibilidad y legitimidad de acciones políticas hoy en entredicho. Análisis y encuestas electorales arbitran criterios desfasados y sin acomodo social que fracasan estrepitosamente cuando se comprueba su falta de veracidad en las urnas. Salud y sobre a fin de mes exigen metas políticas más identificadas con la suerte que el ciudadano percibe como estado actual de la nación. Y eso exige responsabilidad, amor propio y capacidad, repito, de sacrificio. Pero nadie, en la izquierda ni en la derecha, termina de comprender de qué va este nuevo balance social.

Acabemos. Lo de Vox será uno de los errores políticos más graves de la derecha española en este decenio. Estigmatizaron siglas y espacios que, años después de su aparición, demuestran no ubicarse fuera de la Constitución ni de la legitimidad democrática. Al menos, no más de lo que Podemos demuestra en una izquierda que, a fuerza de bandazos, gobierna España y torpemente, rige el destino de nuestro país. No. No se trata de ceder u ocupar espacios. Sólo presentar propuestas conjuntas y puntos de equilibrio. Sin más. Encontrarse uno mismo es difícil, pero se puede. Saludar con educación al vecino, también.

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