La Rayuela

Lola Quero

lolaquero@granadahoy.com

Esta película ya la hemos visto

Luis Salvador y Torres Hurtado en 2015

Luis Salvador y Torres Hurtado en 2015

Empezaba mayo con las elecciones autonómicas de Madrid, ésas que parecían decidir el futuro de toda España. Un concejal del ya triturado gobierno bipartito de Granada (PP-Cs) me lo advirtió entonces: "Ahora empieza el baile aquí". La frase dio para un titular de este periódico y debió de alcanzar de lleno el corazón y el orgullo de Luis Salvador, porque un mes después lo sacó a relucir durante su famosa comparecencia del resistiré -cuando anunció que seguiría solo en la Alcaldía-. Se lo restregó al PP con resquemor. Al rescatar aquella noticia, el exalcalde pretendía demostrar que la ruptura de sus socios era una acción premeditada y vinculada a las estrategias de su partido en Génova para demoler a Cs tras el desastroso resultado electoral de Madrid. Nada que ver con el traído y llevado pacto local del 2+2, cuya existencia o no a esas alturas era ya una vaina. Aunque no para todos, porque Sebastián Pérez se plantó unos días después y su partido, fuera o no creyente sincero de aquel acuerdo, por vergüenza torera o por coyuntura de conveniencia, le ha seguido el paso hasta forzar la salida de Salvador este viernes.

¿Y ahora qué? Pues ahora Luis ha dejado de ser alcalde para volver a ser la llave. La misma llave que tantas veces, en la reciente historia democrática de la ciudad, ha abierto la puerta de la Alcaldía a unos y a otros. Su teléfono debe de arder este fin de semana, pero sabe manejarlo de sobra. Está acostumbrado porque ya se ha visto en esta subasta varias veces y su apoyo casi nunca ha salido gratis* a nadie.

Vamos a hacer memoria. En 2015 Torres Hurtado no alcanza la mayoría absoluta en su cuarta elección y necesita los votos del recién llegado partido naranja. Salvador, su cabeza de lista, le exige dos cosas. La primera es que le pida perdón por todas esas cosas feas que el PP había dicho de él durante la campaña electoral. A los pocos días llega un comunicado del PP para restablecer el honor mancillado, en especial en lo relativo a su pasado socialista, que siempre ha sido una herida abierta.

La otra condición fue la propia cabeza de Torres Hurtado, pero ahí pinchó en hueso, sin saber el histórico alcalde que a lo mejor Salvador le estaba haciendo un favor. Los focos de su detención policial unos meses después quizás no hubieran sido tan potentes o también puede ser que no hubiera salido a la carrera de la feria de Sevilla el día anterior. Quien sabe, pero esto sería otra historia.

El caso es que, ante tal resistencia del candidato del PP a dejar el paso libre al que venía detrás -¿adivinan quién? Sebastián Pérez-, el líder naranja flirteó con un confiado Paco Cuenca, quien llegó a creer que podía ser alcalde con sus 8 concejales y el apoyo del resto de grupos de la izquierda, además de Cs. Igual ya salió algo escamado del último pleno antes de la investidura, donde Pepe Torres se despidió diciendo: "¡Que dios reparta suerte! Y una sonrisa picarona.

Dos días después, el socialista descubrió que su antiguo compañero de filas había quedado para comer cochinillo y churrasco con el avezado alcalde en un conocido asador de la ciudad. Y no fue precisamente un robado la foto de los dos comensales con sus restos de gambas y jamón, regados con vino tinto y blanco (en eso no hubo acuerdo).

Por eso ahora, cuando Cuenca sí parece el claro favorito para cerrar este mandato como alcalde, en el PSOE no se fían ni un pelo. Y eso que en 2016, un año después de aquella conquista del PP por el estómago y tras el huracán judicial de la Operación Nazarí, Salvador sí permitió que Cuenca se hiciera con el bastón y el collar. Pero también sabe que no le salió gratis* porque exigió la renuncia del alcalde de Iznalloz Mariano Lorente en la Diputación Provincial, debido a sus imputaciones judiciales. Y así se ocurrió, aunque luego el socialista fue absuelto por el Tribunal Supremo.

Tras las elecciones de 2019 otra vez parecía que Salvador y los tres concejales de Cs iban a decidir el color del gobierno, pero esta vez el acuerdo y la sorpresa de última hora fue que él mismo sería alcalde con sólo 4 concejales y gracias a un acuerdo nacional con el PP, que a su vez contaba con el apoyo de Vox.

En estos días de carrera por un pacto que tiene como límite el miércoles 7 de julio, la pelota está otra vez en el tejado de Salvador, quien ha empezado por anunciar que dejará gobernar a la lista más votada. Es decir, que volvería a no interponerse en la investidura de Paco Cuenca. Las vísceras así se lo piden en este momento. Se siente traicionado por sus antiguos compañeros de partido, sobre todo Fran Hervías y Manuel Olivares, rezuma malestar con los concejales del PP que ha tenido en los despachos contiguos, pared con pared, durante dos años y no olvida la "quina" que dice haber tragado por la perpetua reivindicación del pacto 2+2 de Sebastián Perez.

Pero en la política es muy frecuente lo de los pelillos a la mar y muchos ojos y oídos están puestos en el papel de Elías Bendodo. Afines al PSOE bromean estos días sobre el temor a que el Gobierno andaluz haga un Toni Cantó con Salvador. Vamos, que le ayude a olvidar con un chiringuito, o con un beach club, como algún histórico político dice con sorna cuando el puesto tiene nómica de altura.

También hay quienes creen que para algunos dirigentes regionales del PP perder ahora la Alcaldía de Granada no es una tragedia, porque dejaría un camino más expedito a su candidato, o candidata, de cara a 2023, sin necesidad de acatar la imposición de Sebastián Pérez para hacer alcalde a Francisco Fuentes. Y en esas aguas revueltas el PSOE podría volver a pescar por segunda vez. Ahora que pienso, creo que esta película ya la hemos visto. ¿Cambiamos o vemos el final?

*Gratis: sin las condiciones que Luis Salvador cree necesarias para el bien común.

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