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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

El peor pacto fue en Granada

PP, Cs y Vox llegaron a un acuerdo para arrebatar la Alcaldía al más votado, pero discuten sobre qué pactaron

Todos los pactos municipales, aun los más polémicos o sorprendentes, tienen su justificación. Se explican en clave ideológica, local e incluso personal. No son caprichosos ni arbitrarios. Todos los partidos los han practicado desde los primeros ayuntamientos democráticos, en 1979, y los han criticado cuando los hicieron los demás. Su legitimidad está fuera de dudas.

A veces hay que hacer excepciones a esta actitud comprensiva y normalizadora de los acuerdos municipales. La excepción es obligada, por ejemplo, con lo sucedido el sábado 15 en Granada: un pacto entre tres fuerzas políticas del que sólo se sabe que permitió elegir alcalde. Todo lo demás se desconoce y se discute entre los firmantes. Ahora mismo los granadinos ignoran si su alcalde, Luis Salvador (Ciudadanos), lo será durante los cuatro años de mandato, como dice él, o a los dos años será sustituido por el candidato del PP, Sebastián Pérez, como éste asegura que pactaron. O miente uno o miente el otro o mienten los dos. Por no saber, los granadinos -y todos los demás- no saben si el gobierno municipal contará con concejales de Vox, como juran los ultras que Cs y PP les prometieron durante las negociaciones, o si éstos nunca se comprometieron a entregarles delegaciones a los incómodos socios.

Pero existe, además, un mal de origen en el oscurecido pacto granadino: la conquista de la Alcaldía por la fuerza política que más capacidad de chantaje tiene o más hábilmente negocia. El PP sacó siete concejales en Granada, Ciudadanos cuatro y Vox tres. Lo lógico es que si se alían los tres partidos para arrebatar el Ayuntamiento a la lista más votada (PSOE) el cargo de alcalde sea para el candidato más votado entre los tres aliados. Si no se hace así, se defrauda de alguna manera la voluntad expresada en las urnas por los ciudadanos: no sale de alcalde el candidato que más votos recibió, ni el segundo en número de sufragios, sino el tercero. El menos preferido entre los preferidos. Por ese camino podemos llegar al esperpento de Melilla, donde un solo concejal de Ciudadanos, de un total de 25, ha logrado alzarse con la presidencia de la ciudad autónoma y, lo que es peor, ¡no piensa dimitir! Descabellado.

Creo que los protagonistas del pacto de Granada no son conscientes del enorme daño que, con su opacidad y disputa, están causando a la credibilidad de la institución a la que se deben y de cómo impulsan la desafección de la gente hacia la política.

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