Una piscina donde debiera haber una calle

Cuando se suman un chaparrón impresionante durante unos diez minutos, las hojas acumuladas por efecto del otoño, una calle en cuesta y unos imbornales saturados, pasa lo que ocurre en la imagen. Donde debería estar una de las calzadas de la Avenida de la Constitución hay una piscina que tanto los vehículos como los peatones intentan evitar, pero que es inevitable porque es paso obligado, dando lugar a cascadas fortuitas, a caídas -que las hubo- y a cruzar la calle por lugares peligrosos pero que evitan a uno mojarse los pies.

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