La chauna

José Torrente

torrente.j@gmail.com

El poder

Especialmente grave es el abuso contra quien se atreve a buscar el poder si es persona de nueva incursión

En este dispendio de demagogia con el que nos asaetean los hijos de la nueva política, vemos el excesivo empeño en acusar a los políticos en general de buscar el poder. Dicho así, con esa magnífica fragancia que nos deja este populista mundo que nos quieren construir unos y otros, pareciera un pecado escasamente venial y un delito de alta traición en vena de suntuosa cosecha, que quienes son el instrumento de la sociedad para prestárselo y ejercerlo quieran llegar al poder.

Especialmente grave es el abuso de los locuaces hijos de la demagogia contra quien se atreve a buscar el poder si es persona de nueva incursión, osado y romanticón, o, siendo ya experto, contra quien se atreve a dejar el papel de obediencia debida para inmiscuirse en el de reclamador de novedades y vientos nuevos con los que liderar otra vía.

La sociedad está escarmentada con quienes han hecho del poder un ejercicio de dominio absoluto para enchufar, pringar, colocar, subvencionar; para liderar, aprovechar, influir, beneficiar; para reunir, esconder o amagar; para llevarse o que se lleven… Tan acentuado escarmiento tiene tras estos últimos años el pueblo, paciente y amable, que le lleva a ser precavido, y a no poner encima de la mesa y con excesiva ligereza toda la confianza para quien viene a reclamarla. Del agua hirviendo el gato, escaldado, huye.

Pero sin dejar de reconocer el abuso de los malos prestatarios del poder, no entiendo otra manera de intentar cambiar este mundo que tenemos, en todos sus ámbitos, local, autonómico, nacional o internacional, que no sea teniendo acceso al poder democrático que lo permita. ¿Cómo si no se puede alterar el orden impuesto por quienes hoy mandan si no es accediendo al mismo poder que ellos ostentan? ¿Y qué tiene de malo querer llegar al poder, declarándolo de manera explícita, para intentar cambiar el rumbo del futuro y que sea distinto al que imponen los de siempre?

Aspirar al poder es ejercer la responsabilidad cívica de quien se cree con argumentos, ideas y proyectos suficientes para poder ofrecer algo distinto a lo existente. Que no es querer ser el patrón de los piratas, ni desviar el rumbo del barco de los tesoros hacia la isla propia. Es mucho más humilde, legítimo, necesario y muy democrático que los aspirantes al poder lo digan, se expresen con la naturalidad que les exigiremos después de ostentarlo, y que rindan cuentas al que les presta el poder, que es el pueblo. Y menos demagogia con eso de querer o no el poder. Que los tiempos del absolutismo, afortunadamente, no están ya sino en las páginas de la historia. Y usted que lo lea.

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