El duende del Realejo

El precio de la luz

El precio de la electricidad acucia a toda la ciudadanía, especialmente a las clases trabajadoras y medias

Dígase lo que se diga y en el orden que se desee, lo del precio de la energía eléctrica no es sino un timo consentido. La vicepresidenta del (des)Gobierno social comunista y ministra de Transición Ecológica -que parece broma- nos dice ahora que a las eléctricas les falta "empatía social". Tras esa afirmación, que raya la sabiduría trascendental de un veda sánscrito, ni añade, ni hace propuesta alguna por la que se pueda denotar que en Moncloa saben -bien o mal- lo que haya que hacer en cada momento.

Estamos en manos de expertos en demagogia y maestros de la telegenia, ese arte de saber comunicar hasta las sandeces más sesudas, pareciendo que se habla con algún conocimiento y seguridad del problema público que en cada instante pueda surgir. No nos gobiernan políticos, expertos en las diversas materias que, ordenadas a través de la norma, aseguran el buen funcionamiento de un país, de un Estado, de una nación. Hemos llegado a estar -y estamos- tan desgobernados que, en el cacareo gallináceo que precedió a la constitución de este Ejecutivo, se vociferaba, se sostenía con energía -perdón por citar la soga del ahorcado- que ellos, estos chicos, doctores en maquillaje y licenciados en el embuste, poco menos que someterían la voluntad de los consejos de administración y los departamentos de marketing de las diferentes empresas suministradoras de electricidad que operan en nuestro país. ¡Ja!

Pero están perdidos en su propio bosque de infinitas mentiras. Ya no les creen tantos como en su momento fueron poco menos que embaucados por la hueca elocuencia de quienes, lo que querían, era el poder por el poder, con cualesquiera socios, sin tener, verdadera y ciertamente, un programa real de soluciones para los problemas que cotidianamente acucian -porque el precio de la electricidad acucia- a toda la ciudadanía, muy especialmente a esa parte mayoritaria que somos las clases trabajadoras, medias, que vivimos de sueldos en los que no caben más presupuestos que aquellos que decía la abuela: "Este queso para este pan y este pan para este queso". Sin que los prohombres, 'prohombras' y 'prohombros' que dicen gobernarnos, hagan absolutamente nada útil para resolverlo.

Pero, desde que eso dijo la pobre abuela, que había sufrido las cartillas de racionamiento, el pan negro, el azúcar moreno y el café que era achicoria tostada, ha llovido mucho, hemos conquistado y con no poco esfuerzo, el derecho a decidir nuestro presente. Y no podemos permitir que estos chicos de la lejana 'Moncloa' crean, como lo creían otros antes que ellos, que España es su cortijo. Como los dejemos mucho tiempo, detrás de la factura de la luz, vendrá -podrá venir- la del hambre, esa que sus amigos reparten -entre otros sitios en Venezuela. ¿O no?

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