El preocupante retroceso de la clase media

UN informe del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas y la Fundación BBVA nos deja una conclusión preocupante: el retroceso de la clase media en España. Lo que los ciudadanos observamos día a día gracias a nuestra experiencia cotidiana cuenta ahora con una inquietante demostración numérica gracias a este estudio, que desvela que, entre 2007 y 2013, un total de 3'5 millones de personas han dejado de pertenecer a la clase media para descender a la baja. Fue durante el año 2007, justo antes del inicio de la crisis económica, cuando la clase media española tocó techo al incluir al 60,6% de los ciudadanos. A partir de ahí, el declive ha sido preocupante y, en 2013, la cifra bajó hasta el 52%.

Si aceptamos que, como se suele decir, las clases medias son la espina dorsal social de un país, el elemento central que le da estabilidad, cultura y riqueza, podemos concluir que los datos del informe son altamente preocupantes y deben llevarnos a una reflexión sobre el traumática pérdida de capacidad adquisitiva de los españoles durante los años de la crisis y sobre la pérdida de eficacia del Estado como agente redistribuidor de la riqueza. Con estas cifras no extraña que opciones populistas y de extrema izquierda que hace unos años no hubiesen salido de los cenáculos universitarios, sean ahora partidos potentes con capacidad de disputarle al PSOE el liderazgo de la izquierda.

Los redactores del informe concluyen que España es hoy un país más desigual que hace unos años. ¿Por qué? Según Francisco Goerlich, "el principal origen de estos resultados es lo sucedido en el mercado de trabajo", ya que las políticas redistributivas del Estado no han sido capaces de amortiguar su hundimiento. Aunque suene a evidencia, para que exista una clase media potente hace falta un mercado de trabajo capaz de ofertar plazas cualificadas y ofrecer salarios de una cierta enjundia. El camino que tomó España durante la crisis económica fue exactamente el contrario.

El próximo Gobierno que salga de las elecciones del 26-J tendrá que tener muy en cuenta este problema. No podemos aspirar a ser un país próspero y estable con una clase media en retroceso. Este proceso de depauperación de las clases medias sólo puede generar frustración económica y radicalización política en un contexto que todavía ofrece muchos motivos para la inquietud.

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