Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Un presidente replicante

Sánchez lleva un coche sin tener siquiera carnet, y cree que puede conducir viendo las carreras de la Fórmula 1

Después de observar a este intento de presidente unos meses en su lidia de debutante yo diría, al hilo del insuperable Soto Ivars, que este replicante que ocupa ahora La Moncloa se escapó de la película Blade Runner y que, por el bien del país, habría que devolverle a la ficción antes de que perpetre más despropósitos gestionando aquello que no sabe ni por dónde se coge. Cuando la incapacidad supera a la ambición desmedida pasa esto, resulta este pobre espectáculo de llevar un coche sin tener siquiera el carnet y creer que se puede conducir viendo las carreras de Fórmula 1 los domingos en la tele de La Moncloa.

Mirando atrás, percibes cómo ha aprobado por los pelos cada examen de su carrera política con más truco que pericia y estudio. Jugando a hacer cabriolas más que con un coherente programa que demuestre que tiene habilidad para colarse pero no condiciones para ocupar el cargo. Secretario general de un maltrecho partido por rocambola; doctor y profesor con fullerías; presidente de la nación por un sorteo de lotería parlamentaria... llegando así a los cargos es lógico que luego se te empantane todo sólo empezar, aunque tengas un coro de palmeras (Al estilo ZP y sus guardia pretoriana de vírgenes suicidas) que amarán más el cargo que a la realidad misma.

Aferrado a los clichés de la progresía moderna, cada medida es más muestra de un Gobierno para las audiencias que para el bien de un país que añora estadistas y adolece de oportunistas.

Mientras Rajoy se pasea en pantuflas por Santa Pola, este chico, que actúa como si fuera presidente, araña segundos a la historia para permanecer en un cargo que se le representa excesivo para sus dotes escasas que darían todo lo más para una portavocía en la que dar imagen y poco contenido.

Si se añade a esta mala interpretación ese reparto de prebendas a su entorno, su mujer la primera, y que ha regalado Cataluña a las hordas republicanas, se entiende la mala leche que va generando entre los pocos socialistas de bien que van quedando, guardianes de las esencias silenciados por toda esa caterva de paniaguados comprados con carguillo y cargazos que les ponen contentos el bolsillo y silenciador en la ideología. Si aún le quedara algo de decencia, convocaría elecciones. Pero creo que ni da para eso.

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