El 'procés' catalán y el tren de Motril

Cuenta el cronista Paco Pérez que este tema del ferrocarril lo utilizaban los políticos locales para enmascarar problemas

He estado a punto de escribir esta columna sobre el procés catalán, pero enseguida me he arrepentido. Además de que ya estoy harto de tanto mensaje mediático sobre el tema, estoy convencido de que dentro de poco los procesados estarán libres y de que a pesar de que no podrán ejercer como cargos públicos, aparecerán como héroes en todos los actos que celebren los independentistas. Cuando se dice que los han condenado a once, diez o nueve años, no lo crean, son solo titulares de periódicos. La realidad es otra. Oriol Pujol salió a la calle a los dos meses después de ser condenado a cinco años. En fin, que de lo que voy a hablarles es del tren de Motril. El diputado nacional del PP por Granada, Carlos Rojas, presentó hace unos días una Proposición No de Ley para instar al Gobierno a apoyar e impulsar los estudios de viabilidad de la unión ferroviaria del Puerto de Motril con Granada capital. A los motrileños les hablan de ese tren y les salen salpullidos de suspicacia e incredulidad. Cuenta Paco Pérez, el gran cronista motrileño del siglo pasado, que este tema del ferrocarril Granada-Motril era el recurso que utilizaban los políticos locales para enmascarar problemas. Cuando el pueblo andaba revuelto por cualquier cuestión, anunciaban que había ido una comisión a Madrid para realizar gestiones a fin de que fuera realidad este proyecto de unir por tren a Motril con Granada. Cada ocho o diez años se reproducía la noticia en los periódicos con más o menos variantes. Al término de la Guerra Civil, ya en la dictadura, cuenta Paco Pérez que fue a Motril un gobernador civil y ante una multitud enfervorizada en la plaza España enseñó un papel azul que simulaba un telegrama. "¡Nosotros no venimos con promesas, sino con realidades! ¡Yo os traigo el soñado ferrocarril con la costa!", gritó aquel gobernador. Dijo que el telegrama que tenía en las manos era de la Dirección General de Obras Públicas y anunciaba que se habían librado ciento cincuenta mil pesetas para el estudio preliminar previo al anteproyecto del ferrocarril. La gente aplaudía a rabiar y el gobernador se fue tan satisfecho a su casa. Al día siguiente los titulares de los periódicos así lo reflejaban. Pasaron los meses y los años y de aquel dinero y del estudio preliminar jamás se supo. A los motrileños les pasa con el tren a Granada lo mismo que a mí con la sentencia del procés, que todo me huele a camelo y fanfarria.

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