El niño del rollo

El proceso

La Consejería ha vuelto a llamar "Ciudad de la Justicia" a ese lugar que no se sabe ni dónde ni cuándo estará

Alguien tuvo que hablar mal de K, pues le tocó a él ir a Granada. Por alguna razón, que K ignora, ningún funcionario en la Consejería de Justicia quería aquella misión, pero él no pudo negarse. La misión consistía en buscar un edificio para ampliar los juzgados.

En los juzgados de Granada no se cabía y había que buscar más espacio. En esto estaban todos de acuerdo. También había acuerdo en que las sedes judiciales no debían sacarse de la ciudad: la mayoría de los vecinos, abogados, jueces y funcionarios locales querían que los juzgados siguieran donde estaban y que se buscara cerca de ellos algún edificio que los descongestionara. Hasta los grupos políticos municipales habían coincidido en pedir que los juzgados se ampliaran sin llevarlos a otro sitio. Nadie dudaba de que esta era la solución más rápida, barata, cómoda y ecológica. Además, era la más beneficiosa para la economía de los barrios cercanos. La idea de una Ciudad de la Justicia en el extrarradio parecía completamente descartada.

Ya en Granada, K siguió las prácticas habituales, según sus superiores, en la búsqueda de sedes judiciales: leyó los anuncios por palabras de periódicos antiguos; preguntó a varios porteros de fincas; recortó números de teléfono de anuncios pegados en las farolas y llamó a propietarias de pisos de estudiantes a las que, desgraciadamente, solo les quedaban dos o tres habitaciones libres. Finalmente, convencido de que no había disponible en Granada ningún local apropiado, informó por teléfono a la Consejería.

Una voz le preguntó si se había acercado a algún edificio o solar de naturaleza militar, ferroviaria, sanitaria, educativa o industrial que alguna administración o empresa pudiera estar dispuesta a ceder, vender o trocar. K no entendía las razones de esa precaución, pero contestó que, desde luego, había seguido las instrucciones y no se había acercado a ninguno de esos lugares. "Aunque me ha costado, no crea -añadió-: hay bastantes por aquí". "Bien hecho -replicó la voz-: recuerde que su misión es buscar, no encontrar. Ahora anunciaremos que no hay sitio en Granada y que habrá que llevar los juzgados a las afueras".

La siguiente misión de K es diseñar una campaña que diga que lo bonito no es el resultado, sino el proceso. Pues el proceso puede tardar bastante. La Consejería ha vuelto a llamar "Ciudad de la Justicia" a ese lugar que no se sabe ni dónde ni cuándo estará. Le cuadraría más llamarse "Barrio del Proceso".

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