El lanzador de cuchillos

El progre español

El progre español divide a la humanidad en dos: los que piensan como él y todos los demás, o sea, los fachas

En nuestro viejo y sufrido país habita un personaje que observa el mundo desde la azotea de su autoproclamada superioridad moral, lo que le permite pasarse la realidad por el forro de sus contradicciones con olímpico desdén. Me refiero, por supuesto, al progre.

El progre español (no confundir con la persona de izquierdas) clama contra la Europa de los mercaderes pero, al mismo tiempo, no oculta su fascinación por el anhelo secesionista de algunas de las regiones más ricas de España. El progre dio un coñazo inaguantable con el referéndum (ilegal) de Cataluña, pero que Rafa Nadal reclame ahora elecciones generales le parece una extravagancia.

Al progre y la progre se les puede ver a primera hora de la mañana a la puerta del banco levantando la señal de Stop Desahucios y, antes de que cierren, negociando con el director un interés privilegiado para la hipoteca de su chalé con piscina. Con un par de… gemelos.

Los progres pueden abanderar la causa de la sanidad pública en España y encabezar las manifestaciones propalestinas y, con total ausencia de sonrojo, cerrar una planta entera de una clínica privada y judía de Los Angeles para que venga al mundo su primogénito. Porque ellos lo valen.

El progre rapero rima que España es la prisión de la libertad de expresión, pero aplaude cuando un grupo de analfabetos totalitarios aplica su particular ley mordaza a los organizadores de una conferencia en la universidad sobre Cervantes.

El progre es laico y anticlerical, pero no se distingue por un especial arrojo. Petará las redes sociales en apoyo del artista también progre que retrate a la Virgen de Regla poniéndose un támpax y en las mismas redes, de las que el progre es dueño y señor, se mostrará comprensivo con la condena a muerte del escritor que haya cuestionado mínimamente al Profeta. Si alguien, ante esa actitud, deja caer la palabra cobardía es porque es un puto facha. Porque no sé si lo he dicho ya, pero el progre divide a la humanidad en dos: los que piensan como él y todos los demás, o sea, los fachas. Leo Bassi, por ejemplo, es un cómico subversivo e iconoclasta; Albert Boadella, en cambio, es un facha vendido a la España opresora; Eduardo Galeano será por siempre la voz de los sin voz; Vargas Llosa, un facha follapijas. Y así hasta el infinito y más allá.

El progre es el fulano que cuando termina de leer este artículo le comenta al amigo: "Se creerá muy gracioso el facha juntaletras". Y, después, entre los dos, se montan un hashtag para que el tuiterío se cague en mi puta madre.

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