El río de la vida

Se prohíbe jugar a los chinos

Los mercadonas se están frotando las manos (y no para lavárlas) con lo que está ocurriendo en China

El coronavirus no sólo nos tiene acojonados, sino que está modificando nuestros hábitos de higiene desde el momento en el que hasta hay programas de televisión que nos enseñan cómo lavarnos correctamente las manos. No sólo los fabricantes de mascarillas se están forrando, sino también los de esos geles desinfectantes que están en las estanterías de los mercadonas, que se están frotando las manos (y no para lavárselas) con lo que está ocurriendo en China, en Italia y en otros sitios del mundo.

La higiene se ha convertido en una asignatura a aprobar por esta población que siempre se ha lavado las manos antes de mear y no al revés. Entre las recomendaciones de la OMS para evitar el contagio está el tener buenas prácticas de higiene corporal y lavarse continuamente las manos antes de comer o tocarse la cara, sobre todo la boca y la nariz. También nos recomiendan que no choquemos la mano a los desconocidos. ¿Nos están alarmando demasiado? Sólo falta una noticia en los telediarios que diga que, para evitar la propagación del coronavirus, se ha prohibido jugar a los chinos. O la redacción de un bando municipal que nos impida la subida a la Alhambra por la Cuesta de los Chinos.

En el curso Literatura en la Memoria que doy en el Centro de Mayores del barrio Fígares, los integrantes contaron ayer cómo era la higiene en nuestra infancia, donde nos bañábamos una vez a la semana en un barreño de zinc en el que nuestra madre echaba agua que calentaba en la lumbre. El barreño no se vaciaba hasta que se bañaba el último hermano. Eran tiempos en los que nadie tenía un cuarto de baño y si alguien lo tenía era para dar envidia a los vecinos. Una noticia sacada de la hemeroteca y fechada en Motril en plena posguerra decía así: "Los señores Fonseca se han hecho construir un bonito cuarto de baño alicatado y con grifos cromados que está siendo muy visitado por los vecinos".

En aquellos tiempos se hacían los cuartos de aseo, pero no se utilizaban. Nos contó Charo que un abuelo suyo, que vivía en el pueblo, se hizo un cuarto de baño con una bañera de dos metros que enseñaba con orgullo a sus paisanos. Uno le comentó lo grande y bonita que era la bañera, a lo que el abuelo contestó: "Sí. Gracias a Dios todavía no hemos tenido que utilizarla". No sé en lo que quedará esto de coronavirus, pero sí que nos ha hecho a todos más limpios y menos afectuosos.

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