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De reentierros y reelecciones

Valerosa faena, diríamos si fuese torero, enfrentándose a un morlaco que no habla ni come desde hace casi medio siglo

Dice el viejo refrán que el muerto al hoyo y el vivo al bollo y andamos, al cabo de más de cuarenta años, tratando de determinar a donde vamos a enterrar, definitivamente, al general Francisco Franco, al que creíamos, casi olvidado, descansando, ausente su mirada, impasible el ademán y revestido o simplemente vestido con su uniforme de gran gala de capitán general de todo cuanto se menea en España y en la obscuridad y reverente silencio del interior de la fosa en la que se le dispuso, cuando rindió el alma y doblegó el cuerpo, que creo que debieron de ser las dos únicas cosas que rindió en toda su vida. No hubo más güevos...

Pero héteme aquí que no sería así, porque un presidente del Gobierno, al cabo de los años, aburrido de no hacer nada más que hablar y mentir hasta en la autoría de parte de su tesis doctoral, se levantó una buena mañana con deseos irrefrenables de dar un espectacular golpe de efecto. ¿Lo haría para reducir drásticamente las colas del hambre por el desempleo? ¿Quizá para incentivar las maltrechas economías de la España rural y despoblada y desesperanzada? O ¿para paliar en algo la huida de cerebros jóvenes y académicamente bien formados a otros países, en los que buscan el trabajo y el futuro que aquí les niegan? No, no, de nada de eso se trata. A este calamitoso personaje, permanentemente impostado como un Isidoro Máiquez de poco menos que de prócer del reino y nación, no le quita el sueño la falta de trabajo y por ello de futuro de muchos españoles. Le viene quitando el sueño sus propias necrófilas reflexiones y pesadillas sobre la tumba de Franco, de la que no le gusta ni el sitio, ni el modo. Y es verdad que no ha parado hasta que los jueces le han dado el permiso para que pueda responder a aquello de cautivo y desarmado el ejército rojo… La guerra ha terminado. Y así, sacándolo de su tumba y llevándolo al lugar que a su presidencial voluntad le apetece, este socialista sin lustre intelectual ni brillante inteligencia, pareciera como que ha conjurado a ese espectro que le persigue en sueños y al fin, le ha ganado la guerra. Valerosa faena, diríamos si fuese torero, enfrentándose a un morlaco que no habla, ni come, ni mea desde hace casi medio siglo. ¡Así se las ponían a Felipe II!…

Y no se pierda de vista: en menos de treinta días, veremos que desentierran y vuelven a enterrar al general, encarcelan a casi todo el gobierno encausado de la Generalitat, en cárceles de ella dependientes, levantan a media Cataluña, siguen infructuosamente buscando a Puigdemont y nos convocan para elegir, de una vez y por todas, a Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. ¿Lo elegirán? O el propio PSOE acabará enterrándolo también. ¿O no?

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