Editorial

La semana del PP andaluz

EL PPandaluz afronta una semana decisiva para salir del limbo en el que anda metido en los últimos meses a causa de la sucesión de Juan Ignacio Zoido al frente del partido. Como muy tarde, este miércoles conoceremos el nombre, o los nombres, de la persona que aspira a presidir el PP. El nuevo líder de los populares tendrá, como primer trabajo, recomponer el partido tras el mandato de transición de Zoido. El PP andaluz se presenta ahora como una formación con una dependencia absoluta de Madrid, que es la ciudad donde, al parecer, se eligen sus líderes. Además, todo este largo proceso de sucesión ha demostrado que, además de una falta de autonomía, los populares van camino de un congreso donde sólo se va a ratificar la decisión de Mariano Rajoy. Esto es grave, y a matizar esta imagen,sino a cambiarla, se debe dedicar su nuevo presidente. Aunque el PP es un partido con una estructura jerárquica clara, la organización en Andalucía gozó en años anteriores de autonomía y de capacidad de diferir de su partido a nivel nacional. Es otra cosa lo que le sucede al PP gallego de Núñez Feijóo o al catalán de Alicia Sánchez Camacho. Sin llegar al absurdo de un partido de taifas, el PP andaluz tiene que recobrar su propio papel, que sólo lo conseguirá con los nuevos dirigentes que salgan del congreso del 1y 2 de marzo. En el último año, el PP andaluz ha sufrido un gran deterioro. Ha sido incapaz de enfrentar una agenda política a la de la presidenta Susana Díaz o, en el caso contrario, proponer una serie de asuntos sobre los que los dos grandes partidos se podrían haber puesto de acuerdo. El PP andaluz carece de una estrategia, en vez de un portavoz ha optado por una polifonía que divide y diluye los mensajes y las organizaciones provinciales han ganado peso frente al vacío de poder. Y todo ello le ocurre al principal partido de Andalucía, al que ganó las últimas elecciones autonómicas, gobierna en todas las capitales y en cinco diputaciones y sus alcaldes dirigen municipios donde vive el 65% de la población. Como la mayor parte de los dirigentes populares admite, el nombramiento de su presidente llega tarde, Rajoy ha tardado demasiado tiempo en dar el visto bueno, quizás porque esa decisión podía haber estado ligado a otros cambios, pero ya no cabe la demora. Ahora, el Partido Popular debe elegir con tino a un líder que sea capaz de mantener sus cotas electorales, que rehaga a la formación y que sea capaz de formular una labor de oposición rigurosa pero a la vez constructiva. No podemos rendirnos ante quienes mantienen y desean que en Andalucía no haya ningún espacio de diálogo entre los dos grandes partidos. Aunque a veces lo parezca, esto no es así.

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