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La otra semana morada

Hay mucha diferencia entre la buena política y el oportunismo, entre el avance social y el tostón feminoide

Esta semana la actualidad tiene un tono parecido al morado, pero no porque hoy mismo sea miércoles de ceniza y este agradable alargamiento de las tardes nos indique que ya estamos en Cuaresma, sino por la poderosa exhibición que desde todas partes nos trae el feminismo, el movimiento más importante de esta época y cuyas consecuencias políticas y sociales son aún imprevisibles, y que culminará con las manifestaciones que colectivos de todo tipo y condición tienen convocadas por todo el país para el próximo viernes.

Que el feminismo está en auge lo demuestran, aparte de las encuestas, la propia reacción de la sociedad. Un fenómeno en absoluto nuevo, pero con bríos muy renovados, tanto más apoyado sobre todo por mujeres jóvenes (incluso hombres), progresista, aupada sobre la ola de mensajes y consignas que repiten las redes sociales, amparada por las reivindicaciones del feminismo clásico fortalecidas por movimientos potentes como el Me Too americano. Temas tan invocados como la brecha salarial o el techo de cristal concitan, además, el consenso favorable de la mayor parte de la sociedad.

Como era de esperar, a las reivindicaciones en la materia de la sociedad civil no ha tardado en sumarse la clase política, en especial la izquierda, que ha visto en la defensa de los derechos de la mujer (de todos ellos, desde los laborales a los éticos) un dique inmejorable de contención (y diferenciación) ante la unión de los partidos de derecha, aprovechando además la ligereza con que suele manejarse Vox en estos temas. Y ahí tenemos a Podemos tornando su nombre al femenino, o al efímero Gobierno saliente, autoproclamado como el primero "feminista" de nuestra democracia.

En este, como en otros temas, las buenas razones pueden quedarse en un segundo plano por la sobreactuación descarada de algunos, y junto a medidas lógicas y plausibles para todo el que todavía no haya sucumbido al radicalismo rampante, hay otras que no sostienen un mínimo debate. Hay mucha diferencia entre los loables intentos por mejorar la conciliación laboral o la promoción de la igualdad de trato con la matraca del lenguaje inclusivo o las llamadas a la lucha "contra un sistema educativo que reproduce el actual sistema capitalista y patriarcal" (sic). La misma que va desde la buena política al oportunismo, de la justicia a la demagogia, del verdadero avance social al tostón feminoide insoportable.

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