La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

El señorito Iglesias (y señora)

La dimensión pública del político abarca toda su vida, como pasa a los reyes, por eso cobran privilegios varios

Corre la maldad por los mentideros digitales de que, para la contratación del servicio de la mansión ya titulada por el populacho como el cortijo 'Mis coletas', ese chozón que la pareja del reinado podemita se ha mercado en Galapagar, van a confiar en la sabiduría y experiencia en el ramo del servicio doméstico de Pablo Echenique, en quien algunos han querido ver al R2-D2 de la galaxia de este Juego de Tronos con tonos morados. Experiencia no le falta, tanta como capacidad de ahorrar en costes sociales, legal o ilegalmente, tanto da.

Bromas aparte, se impone, ante el escándalo del chalet de la pareja pujante/reinante en esta monarquía rojeras, la idea de que al señorito Iglesias, en cuanto le ha llegado descendencia y ve asegurada la dinastía, se le ha acabado de quitar la piel de cordero para mostrarnos a todos el lobo que siempre vimos debajo de su coleta, menos sus ingenuos votantes-beatos recién desahuciados o caídos en el paro vieron en él un mesías que les sacaría del hoyo estructural sacandoles partido.

A la espera de que los Iglesias-Montero empiecen a cobrar por sus portadas en el Hola!, las ansias elitistas de Pablo y señora ni se ocultan gustosos de ser establishment buscando dacha para criar a los niños. Pero, desde Roma ya supimos que "la mujer del César debe ser honesta y, además, parecerlo". La dimensión pública del político abarca toda su vida, como pasa con los reyes, que por eso cobran en privilegios varios.

Obsérvese que algo hay en Podemos de manada de lobos al asalto del poder. Por lo de "lobos alfa" con que atacaba Pablo a los de enfrente, claro, pero también por sus caninos prominentes; su nombre orientado desde la cuna hacia el poder; los cachorros-cara-de-niño de delfines a la sombra del líder; el ideólogo salvando el Monedero con su partida; o, en fin, el líder tomando pareja de entre las lobas alfa con escaño. Todo muy primario y cacería lejos del todos y todas iguales e igualas para la plebe. Tribunos de la plebe, ya se ve, pero tribunos con domus.

Miedo dan los revolucionarios cuando, al paso de pocos años, ocupan palacios del estilo de aquellos para los que pedían guillotina. Claro que, el pueblo ávido de sangre, pronto pedirá la suya, como ocurrió con Robespierre, decapitado con su tan querida guillotina.

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