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Rosa de los vientos

Pilar Bensusan

bensusan@ugr.es

El silencio de los corderos

El coronavirus ha ungido súbitamente a Pedro Sánchez como el déspota que codiciaba ser

Callados, silentes, sin crítica alguna, así es como nos quiere Sánchez tras alcanzar, por mor de la desgraciada pandemia que sufrimos, su ansiado estatus de dictador plenipotenciario. Pensábamos que el cambio de régimen de la mano de su socio comunista se produciría paulatinamente, pero el coronavirus le ha ungido súbitamente como el déspota que codiciaba ser.

Y en su despótico papel, en vez de tomar decisiones consensuadas, lo hace a golpe de Decreto-Ley justo tras la sesión plenaria del Congreso, sin consultarlas con los demás partidos representantes del poder soberano del pueblo. Improvisación, soluciones y remiendos a medias, en fin, un descontrol en su autoritario poder por el que tendrá que responder ante los tribunales de justicia, porque son muchos ya los familiares de los 7.427 fallecidos que están organizándose para querellarse contra este dictador por su nefasta gestión de una pandemia sobre la que hacía tiempo que la OMS abogaba por el confinamiento de la población para evitar más muertes. Y no lo digo a toro pasado porque tomé medidas drásticas desde el primer positivo en España.

Pero al recorte absoluto de derechos y libertades que padecemos los ciudadanos -además nos van a controlar por el móvil-, en un auténtico estado de excepción encubierto bajo uno falso de alarma -por si los independentistas se quejan-, se une su afán de eliminar la libertad de expresión, de imponer el silencio de los corderos, de los súbditos confinados tras el nuevo régimen que la desgracia le ha otorgado.

Es cierto que el confinamiento de la mayor población posible es lo único que va a frenar momentáneamente esta pandemia -el freno definitivo vendrá con una vacuna o medicación eficaz-, pero ha llegado tarde y mal, y aún así la oposición le ha apoyado, esas derechas extremas sobre las que él y sus socios alimentan el odio porque son fascistas, franquistas y nazis. Los mismos con los que tendrá que formar un gobierno de concentración nacional si es que quiere sacar el país adelante tras esta terrible tragedia, sacrificando además al presunto delincuente que se salta una cuarentena y otra tras los dos positivos de su compañera del casoplón de Galapagar.

Pero el querer amordazarnos y silenciarnos imponiendo un relato único sobre esta desgracia no lo conseguirá. Todavía quedan medios que garantizan la libertad de expresión y la pluralidad, y por tanto la fiscalización del poder, siendo los únicos pilares de la democracia a día de hoy. No al relato único, no al silencio de los corderos por Decreto.

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