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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

El soliloquio, mano de santo

El psiquiatra Rojas-Marcos nos redime de estar majaras: hablar solo y susurrarte te hace longevo, asegura

Solemos idealizar ciertos episodios de nuestra vida, y esconder bajo llave y candado otros en un desván de la memoria. Puede que, por lo primero, usted negará -le atribuyo una generación arriba o abajo de la mía- que hubo un momento en que en su casa, como en todas, se proscribió el aceite de oliva para coronar al girasol, que de pronto resultaba ser mucho más sano que el zumo de aceituna de siempre. Dicen que aquello fue cosa del lobby yanqui de la semilla, pero sin duda tenía mucho de moda, en este caso moda yeyé, de Seíta, Vespa y Duralex. También entró en la lista negra la sardina, cuando todavía el Omega-3 que rebosa por las agallas del pescado azul no era gloria para las coronarias, y quizá el término no existiera siquiera. El otrora jamón serrano sin más, hoy ibérico, también ha saltado de la lista del mal a la del bien, como el modesto huevo, injustamente limitado en el almuerzo durante décadas.

Luego llegaron glorias del más allá, o sea, de un recóndito y muy anticancerígeno Amazonas, Altiplano o isla del Mar del Sur: semillas, cereales y frutos exóticos -esto es: lejanos y distintos, que ahí está el anzuelo de la sugestión- que llenaron no pocas alacenas de diversidad gastronómica con poderes de poción mágica, aunque el tarro de saludes importadas solía quedarse medio lleno, olvidado como buena moda. Durante un tiempo crié unos gremlins con toda la pinta de yogur pero mucho más desaborido: había que ponerle fe al kéfir, que así se llamaba. El inquietante cultivo era un cóctel de levadura, caseína y bacterias. Volví a glutamato y al potenciador de sabor del pack de seis.

Una de esas batallas casi religiosas en las redes sociales se libra ahora entre dos líneas de noticias, que bien pueden ser bulos, fakes que pescan datos de incautos con quién sabe qué propósitos. El debate es entre quienes defienden a la cerveza y al tinto consumido con moderación y quienes no les atribuyen sino perjuicios. Rara es la semana en que no te llega un estudio de Northern Gromenauer -un poner- sobre lo benéfico que es un rioja en la cena, y luego otro que te dice que cada birra te quita unos pocos de minutos de vida. Sin embargo, lo más estimulante -por barato- ha sido lo del psiquiatra sevillano afincado en Nueva York Luis Rojas-Marcos: "Háblate mucho y con cariño, vivirás más". Quienes no sólo hablamos a solas, sino que nos acompañamos de gestos, estamos de enhorabuena. Hemos pasado de sospechosos de majarones a personas de hábitos saludables. Esto no se lo esperaba uno. Disfrutemos de esta moda mientras dure.

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