La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

A la sombra de Vox

La Plaza del Carmen quiso vestirse de fiesta y resultó un funeral de tercera. Había que verlo en primera fila y allí me acerqué el sábado pasado. Los trajeados señores de Vox y afines dieron la nota con sus trajes oscuros y pañuelo en el bolsillo, como de boda de postín. Un exceso. Y arriba, en el primer piso de las investiduras, en tanto, amortajaban al difunto. Todo quedó deslucido, una alegría con división de opiniones y todos, menos uno y su cuadrilla, descontentos.

Luis Salvador, hoy ya alcalde, jugó sus cartas y dejó a todos con la sonrisa congelada. De Guatemala a Guatepeor pensarían muchos. Y Sebas, que la noche anterior se presentó de seguro alcalde, salió de allí humillado, apresurado y sin nada que celebrar, sin hacer el paseíllo ante los vítores de los suyos como hizo el resto. Dos veces ya se queda a puntito de ser alcalde. Frustrante.

Por las pantallas de plasma del patio nos enteramos de los planes para la ciudad y tal y tal. Muchos proyectos y ni un duro. Los políticos comercian con lo nuestro como si fueran sartenes sin asa ni antiadherente.

Cambril contento, ya de político cambiado de aspecto. Le sienta bien el cargo. Ha pasado de ver los toros en la barrera a tirarse a lidiarlos. Tiene mérito. Otros también estaban gozosos, como el veterano Puentedura o la niña de Mariquilla. Marifrán Carazo oficiaba de madrina pero desde la altura de venir de Sevilla a una ceremonia ajena ya.

Y los de Vox eufóricos. Son el gobierno tutelar, con cierto aire de padrinos que vigilan que no se desbande nada, custodios de una derecha cautiva por unos pactos opacos que dejan claro donde se jugó la partida de la alcaldía. La paradoja es que sea la ultraderecha la que impone decencia a unos políticos de baja altura.

Cuenca tiró de profesionalidad para sobrellevar con dignidad la herida. Su esfuerzo lo valoraron las urnas pero no los pasillos. Debía repetir de alcalde, se respiraba en el aire, y no ser víctima de este apaño lejano a los intereses locales urdido donde nuestra ciudad es sólo números y no gente que padece.

Nos fuimos todos con un amargor dentro. Salvador solo se ha salvado a sí mismo, vence pero no convence. Sigue la demanda en el aire de que hace falta alguien que encandile y aglutine en torno a esta ciudad que se nos pierde mientras los mercenarios se reparten sus despojos.

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